EL FINAL DE LA “ERA DE TRUJILLO”. (32)

Después de que termina la dictadura trujillista, la colectividad dominicana despierta de su larga pesadilla.  Los nuevos amos de la situación le crean el espejismo de que le ha llegado la libertad; pero esta se padece, no se disfruta.  Esto así porque es una libertad sin los nutrientes necesarios para fortalezer la calidad de vida delpueblo. Son los tradicionales manipuladores de siempre que la reflejan como imagen en el agua, la cual escapa entre los dedos cuando alguien desea refrescarse con ella a plenitud.    

La libertad no es solamente hablar sin miedo o darse cuenta de que no se reciben represalias por emitir juicios u opiniones en contra de quienes detentan el poder; es algo màs sustancioso.  Lo anterior fue lo primero que el pueblo empezó hacer y sentir luego que murió el tirano, por lo cual le dijeron que eran libres.  Pero la libertad verdadera, la que trae la justicia social y económica, se las iban a seguir escamoteando a la mayoría de los ciudadanos del país por un largo tiempo.

Lo anterior no fue producto de una colectividad enardecida luchando contra sus opresores, dirigiendo ella misma el timón de la embarcación para eliminar el miedo, el adoctrinamiento y la ignorancia. 

 Ese nuevo despertar o forma de interactuar dentro del àmbito social, que en el momento llamaban libertad, fue en parte, por el sacrificio de un grupo de hombres y algunos de sus familiares, a los cuales llamarían luego los “Heróes del 30 de Mayo”. 

Fueron situaciones presentadas y luego controladas para beneficio de quienes política y económicamente dominaban la región, como también para quien o quienes se prestaron a ser sus cómplices e impedir se hizieran los cambios en las estructuras institucionales del estado, esos modelos dictatoriales arcaícos y que seguían vigentes.  El  resultado fue vivir una eternidad bajo el influjo rural y sus secuelas de atrasos.  Por eso, es que los dominicanos empiezan a padecer lo que le dicen han obtenido: su libertad. 

Llegó un momento en que la sociedad fue empujada hacia un nuevo orden. Ocurrieron acontecimientos que la ciudadanía nunca vivió u olvidó en los laberintos del tiempo. 

 De un partido único y su membrecía obligatoria, aparecen una gran cantidad, con nuevos líderes tratando de atraerse a la población, la cual se divide en los colores de cada agrupación.  Luego, la misma empieza a darle seguimiento a las orientaciones de los que se perfilan como sus nuevos caudillos.

Se destapan crisis políticas y militares.  Empiezan las  marchas y las protestas estudiantiles en las calles, degenerando en actos de vandalismos que perjudican al sector comercial y a la propiedad individual de los ciudadanos.  Se ven a segmentos de la población sin el miedo que una vez hubo en ella, reclamando sus derechos a través de paros y huelgas.  Y los servicios básicos que estàn en manos del estado, como la recogida de la basura, la luz eléctrica y el agua potable, comienzan a ser deficientes. 

Al finalizar la tiranía, la población nunca lo practicó porque no lo conoció, el resolver sus diferencias por la vía del concenso.  A partir de esos momentos todo ente social que se fue organizando, trató de obtener por imposición lo que deseaba.  Por esa clase de trauma fue que se empezó a decir de que todo dominicano llevaba un trujillo por dentro. 

Un caso elocuente de lo anteriormente expuesto lo vemos en una de las situaciones que afectó en parte, la estabilidad política del profesor Juan Bosh en la Presidencia de la República.  Fue cuando este quiso empezar hacer los cambios que el país necesitaba, tratando de implementar por medio de leyes a través de un congreso legalmente constituido, ciertas reformas que afectarían en aquellos momentos al capital industrial, agrario y comercial.  Parte de esos grupos pusieron su grito en el cielo.   Nunca se buscó el diàlogo para resolver los desacuerdos; empezando algunos de ellos a conspirar para derrocarlo. 

 ¿Porqué gobernantes y gobernados no se sentaron a negociar, para llegar a un punto en donde cada quien se sintiera satisfecho?  Fue que por decenios el autoritarismo que emananó del poder central impuso las condiciones,  y eso fue lo que se vió y asimiló.  En resumen, ese sistema de gobernar y ser gobernado era totalmente desconocido.       

 La nueva forma de vida que traen los “aires libertarios”, hacen que la gente se resienta por los rigores de tener que vivir en un desorden institucional, en todos los sentidos, al cual no estaban acostumbrados.  

Las mismas, al perder parte de su conciencia ciudadana debido al arraigo en sus vidas de los objetivos de dominación creados por el régimen caído, el miedo, el adoctrinamiento y la ignorancia, no pueden deslindar con claridad sus derechos y deberes, esperando de los gobernantes de turno la solución de todos sus problemas. 

Se empiezan a escuchar voces de protestas motivadas por el cansancio, ante el largo período de desajuste a que han sido sometidas:

                         “Cuando Trujillo, hasta se dormía con las puertas abiertas.”

                                   “Esto no se veía cuando Trujillo estaba vivo.”

                                            “¡Carajo, Trujillo si hace falta!.”

Pasan los años. Un segmento joven de la sociedad que no tuvo las vivencias de lo que se pasó durante la dictadura, al oír de sus mayores estas expresiones, empiezan a encubar en sus mentes la duda acerca de si fue malo o no el régimen trujillista, o si el tal Trujillo fue un “héroe incomprendido”.   Eso también se debió a que el sistema educativo del país fue maniatado  para que la verdad sobre  ese régimen no llegara por esa vía a las futuras generaciones, manteniéndose la mayoría de sus pasajes màs horrorosos, como un secreto a voces entre un círculo de silencio o la pesadilla de un sueño que no deseaban se divulgara.    

Después de que desaparece el estado policíaco en el cual se vivía, algunos “valores trujillistas” inculcados a la población se evaporan. Fueron espejismos creados por los factores de dominación que la controlaban.  Ese orden y respeto que empezaron añorar fue el producto de un estado de terror sicológico colectivo, no de una conciencia individual que practicaba sus costumbres para el buen vivir entre vecinos.   

También se oyen los ecos de los culpables diciendo: “todos fuimos trujillistas”. Dando a entender de que si se había de pagar por ello no estarían sólos, como si el haber sido tal cosa hubiera constituido un delito.  Buscaban poner en una misma balanza sus fechorías,  con la forma de vida que la poderosa maquinaria militar e intelectual del régimen indujo a llevar a toda la población.   El asunto nunca estuvo en el sentimiento de ser o no ser.  Fue en la clase de ayuda que proporcionaron al tirano para que este dominara y se mantuviera.

El régimen trujillista llegó a ser una extructura bien organizada y sostenida por las figuras màs representativas de la sociedad de aquella época, por miedo o por conveniencia.  Al presentarse la ocasión de dirigir la burocracia estatal en sus momentos finales y después de ella,  algunos de esos personajes ya no por miedo y si por conveniencia, sólo pensaron en sus intereses y se aliaron a todo lo que fue necesario para mantener lo que consiguieron con el tirano, sin pensar que había un país, su país, necesitando cambios profundos e inmediatos.  

Fue una intelectualidad que puso su genio al servicio de una sola persona, por miedo o por conveniencia, lo cual ayudó para que esta dominara a todas las demàs.  Luego, esos brillantes pensadores, en medio del caos institucional que se originó después de la caída del estado totalitario, no pusieron esos mismos atributos al servicio de quienes luchaban desde las trincheras populares por acabar con los residuos dictatoriales, lo cual era en esos momentos el cambio que el país necesitaba. 

No lo hizieron porque durante el proceso trujillista se convirtieron en una clase privilegiada, carente de toda sensibilidad social, actuando como simples burócratas al desaparecer ese régimen, tratando de preservar lo que consiguieron, al seguir los lineamientos de quienes se creyeron los herederos del país y luego de quienes lo sucedieron en el poder, precisamente de aquellos que empezaron actuar de espaldas al pueblo.     

Fueron instituciones creadas, los cuerpos armados y las de preservar el orden, para mantener un régimen a través del miedo, por lo cual el crimen y la tortura fueron los métodos que aprendieron y siguieron usando aún después de que su creador dejó de existir.  Los que luego tomaron  el control del estado no se preocuparon de hacer de los militares un ente de servicio social en vez de represión ciudadana; y del cuerpo supuestamente encargado para velar por el orden y la prevención del delito, modernizar sus sistemas operativos y de entrenar a sus miembros en métodos màs civilizados, dàndoles de paso el incentivo monetario necesario y las herramientas adecuadas para hacer el trabajo que todos esperaban hizieran. 

 Solo quisieron aprovecharse de lo que había y como estaba, porque a los  intereses de quienes empezaron a controlar el nuevo estado de cosas, les vino a la medida las estructuras del poder tal cual las encontraron.  No les importó el futuro del país, el cual iba a padecer las secuelas de eso que se dejó intacto.   

Los cambios profundos a que aspiraban esos jóvenes en el año de 1961, cuando se tiraron a las calles a combatir a los remanentes de la dictadura, en parte seràn todavía por muchos años deseos incumplidos, aspiraciones de una población que espera algún día ver instituciones democràticas con bastante fortaleza, que no puedan ser absorvidas por un poder ejecutivo con deseos continuistas, que se atreva a romper la regla del juego para quedarse gobernando y así corromper lo que con bastante sacrificio le habría costado a la sociedad conseguir.    

Poco a poco, las condiciones se fueron creando para que miles de seres humanos sufrieran las consecuencias, por las decisiones de dejar intactos los instrumentos del poder trujillista y sin castigo a los manipuladores.  Con ellos, los nuevos capitanes que tomaron el control de la embarcación, hizieron renacer la parte oscura de una época que ya se creía superada, al estos usar los mismos métodos con las mismas herramientas.

Hubo mezquindad de grandeza entre quienes tuvieron la potestad en sus manos para propiciar los cambios que se necesitaban y no lo hicieron. Entre sus debilidades como seres humanos, sintieron el miedo de poner en juego sus intereses, precisamente cuando el país  necesitaba del sacrificio de los mismos. 

Quienes tuvieron ese poder pudieron haber creado un precedente de lo que podía sucederle a todo el que  hubiera intentado calzarse y ayudara en el mañana a ponerles las botas a quien soñara con seguirle los pasos a Rafael Trujillo.  No pudieron legarnos esos paradigmas. Se dejaron manipular por quienes desde afuera persistían en seguir controlándonos, como también por las flaquezas de sus espíritus sasonadas con la esencia de la dictadura, las cuales ya manejaban sus destinos. 

                    CAUSAS   QUE   PERMITIERON  LA CONTINUACION  DE  LA  

                                                          “ERA DETRUJILLO”.

A la dictadura de Trujillo se la ha llamado también la “Era de Trujillo”, pero el régimen dictatorial pràcticamente desapareció cuando salió del país el último de los descendientes de quien la instauró y que ostentó el poder hasta el 19 de noviembre de 1961. 

Pero la “Era”, esa forma de gobernar cuya característica principal fue ejercer el poder para satisfacer ambiciones personales utilizando las instituciones básicas del país, que el tirano ajusticiado creó para sostenerse  y no para bien del mismo, siguió por los siguientes

EL  FACTOR  IGNORANCIA:

La dictadura que se le impuso al país durante tres décadas y al morir quien la protagonizó, ya era algo màs que la imagen de un hombre. Para 1961 se había convertido en todo un conjunto de leyes, normas educativas, maneras de pensar y formas de hablar y actuar, que la población dominicana en su mayoría asimiló y se acostumbró a ello durante varios decenios. Muerto el “Jefe” y desaparecido su régimen, esto de por sí no iba a cambiar de un día para otro.

Esos “sentires” y manera de interpretar las cosas, donde calaron màs hondo fue en las masas humildes, en los habitantes de los barrios marginados de las ciudades y en la zona rural, lugares donde vivían los desheredados económicos de la sociedad, aquellos que nunca se les dio la oportunidad de por lo menos alfabetizarse, y donde la ignorancia causó los estragos màs profundos, al no dejarles comprender las verdaderas causas de su indigencia.    

El daño màs grande que le ocasionó la dictadura de Rafael Trujillo al pueblo dominicano no estuvo en los miles de muertos que esta provocó hasta el término de su régimen.  Tampoco, en los cuerpos castrenses que este creó con su sello personal, los cuales debieron estar al servicio de la ciudadanía y no para abusar de ella por quienes también luego los manipularon.  Ni pensar en los centros de torturas y las càrceles degradantes como el penal de la Victoria.  Esta última, un ejemplo patético del atraso en que vive todavía el estado dominicano, al mantener una figura casi medieval en los inicios del siglo XXI.  

Cuando el país cae de repente en la llamada democracia representativa, el voto de la ciudadanía, la voluntad de la misma en las urnas electorales, se pensó sería uno de los factores que lo pondría en el camino de convertirse en el futuro en una verdadera nación.  Pero no fue así. Los resultados electorales reflejaron, desde la primera vez, uno de los traumas que le dejó a los dominicanos la dictadura de Rafael Trujillo, el cual constituyó el elemento màs dañino que esta dejó como si fuera un legado: el de la ignorancia con respecto a ella misma. 

Y ese tercer factor de dominación se quedó entre la mayoría poblacional. Llegó a ser, por varias décadas, a través del voto popular un elemento tràgico y una retranca que impidió modernizar y fortalecer las instituciones del país, lo cual trajo la ineficiencia del estado como ente de servicio y seguridad ciudadana para los miembros de la sociedad que representaba.    

Hay un hecho determinante en esto.  La colectividad, a partir del 30 de mayo de 1961, o mejor dicho, desde el 19 de noviembre del mismo año, que es cuando pràcticamente cae la dictadura, no estaba consciente de los traumas que esta le dejó.  No había caído en cuenta en su diario vivir, de que estaba influenciada por ese tercer factor de dominación, que siguió viviendo latente entre las sombras y aún cuando aparecen sus primeros síntomas, muy pocos pudieron darse cuenta de lo que estaba pasando con esa herencia maligna.  Esta se convirtió en el trauma màs fatídico que el pueblo dominicano siguió llevando en su vida cotidiana.  

Las convulsiones políticas y militares que se presentaron luego de la muerte de Rafael Trujillo, no permitieron a la sociedad dominicana reagruparse para analizar sus deficiencias.  La desviaron de los objetivos que la hubieran llevado a empujar los cambios y actualizar sus estructuras vitales.      

La atención tardía de los mecanismos sociales impidieron en parte que no se pudieran conjurar los males heredados, ocasionando la degeneración subsecuente en que fueron cayendo los soportes que debían sostener al estado.   

Rafael Trujillo utilizó el sistema educativo para sintetizar sus fines políticos; pero la sociedad, al desconocer lo que arrastraba, no utilizó esa herramienta para contrarrestar el trauma o factor creado por la maquinaria doctrinaria y represiva de su régimen.  También, los que luego tomarón el poder y sus relevos no lo hubieran permitido.  A sus intereses les convenía preservar, sin variación alguna, lo que el tirano creó y usó para su sostenimiento, para ellos seguir en la cúpula y manejar el país como hasta la fecha lo han venido haciendo.   Esto influyó para que el pensamiento de un gran conglomerado social siguiera con los paràmetros que le creó la dictadura en el trayecto de los casi treinta y un años que duró. 

Debido a lo anterior, esas grandes masas empezaron actuar con la mentalidad de como estaban las cosas antes del tiranicidio.  Con su proceder, provocaron, como ya lo habíamos expresado, parte de la decadencia del estado dominicano.  Por eso, cuando se les dio la oportunidad de ir a las urnas por primera vez durante las elecciones del año 1962, utilizaron el voto para castigar y premiar, no con la esperanza de cambiar para progresar.  Y eso estimuló el proceso trágico que se fue generando.     

En la mente de la mayoría de los dominicanos, el adoctrinamiento del régimen le fijó la idea de que Trujillo había sido el hombre fuerte que había enderezado el país.  Figura e imagen moldeada a sus ojos como si fuera un dios terrenal, induciéndolos a pensar de que fue él quien lo hizo todo y podía hacerlo todo. 

El que acostumbró al dominicano a detener su caminar en los momentos que este viera el izamiento de su bandera y escuchara las notas de su también himno nacional, como el que hizo se viera con “respeto” a las autoridades militares y policiales.  Todo ello sin que cayeran en cuenta de que su modo de actuar  fueron producidas más por el miedo que por un alto grado de conciencia ciudadana, aquella que lo indujera a sentir lo que cada cosa representaba para un país civilizado. 

 Y es por eso que al “Jefe” desaparecer, se derrurrumbaron como un castillo de naipes los “valores” inducidos, dejando en una completa anarquía a la sociedad del momento.       

Cuando se juntó el miedo con el adoctrinamiento, llevaron al ciudadano a asimilar sin averiguar todo lo que le dijeron, por temor a lo que le sobrevendría si no seguía la corriente.   Y para el colmo de males, esos dos factores contribuyeron al fortalecimiento de un tercero, el de la ignorancia, fantasma que se niega a desaparecer de la sociedad dominicana, con relación a lo que fue verdaderamente el régimen implantado por Rafael Trujillo y sus secuaces.  

 LA  BUROCRACIA  Y  LAS  ESTRUCTURAS  MILITARES  Y  POLICIALES:

La dictadura de Trujillo terminó, pero no su sistema de gobernar, pues siguió con algunas variantes.  Su “Era” nunca pudo llegar a su fin con la muerte de este.  A él lo ajusticiaron, no así a los culpables que lo sustentaron con sus acciones, algunos de los cuales siguieron en el medio utilizando como una herencia las instituciones que el creó,  para la toma del poder o retener el poder,como individuos o grupo social.         

Una parte de la burocracia gobernante, aquellos que vivieron siempre recibiendo los priviligios de la corte del reino de los Trujillo, como también un sector de la oficialidad dentro de las fuerzas armadas, llevaron el sentir trujillista no por el miedo, el adoctrinamiento o la ignorancia, sino debido al agradecimiento por los favores recibidos. 

 Años después, esos mismos personajes tuvieron una destacada participación  en los cuerpos castrenses y en la administracción pública, prestando su ayuda como cuando lo hizieron con el sàtrapa, durante los gobiernos de quien con su proceder le dio continuación a la “Era de Trujillo”.  

Tan pronto los remanentes de la dictadura son neutralizados, las fuerzas armadas y la policía nacional, principales soportes del régimen recién desaparecido, pasan por un lavado de cara. Familiares y cómplices de fechorías de Rafael Trujillo, con puestos de mando, son separados de los núcleos castrenses y de donde se controlaba el orden público.

 A eso se le llamó “proceso de destrujillización en los cuarteles ”.   Pero la mentalidad autoritaria quedó; los métodos coercitivos, el crimen y la tortura, también.  Esas instituciones solamente quedaron acéfalas, a la espera de que otro hombre o grupos de poder las dirigieran y siguieran generando el miedo entre la población para conseguir sus fines políticos y económicos, como luego así sucedió, constituyendo esto otra de las causas que permitieron que la “Era” siguiera funcionando, ya sin el “Jefe” pero con otros jefes, usando sus métodos y la maquinaria represiva que este dejó.

LA  GUERRA  FRIA:

Esta se convirtió también en parte del proceso que permitió la continuación de la “Era de Trujillo”.  Tan pronto el tirano es sacado de circulación junto a sus familiares, el gobierno norteamericano buscó, por todos los medios, que los que tomaran el control, fueran personas que estuvieran de acuerdo en apoyar su lucha anticomunista y mantuvieran el país lejos de la influencia cubana y su aliados. 

Por eso, en aquellos momentos, a los gobernantes norteamericanos  no les importó si en el país se respetaban o no los derechos humanos, pues muchas veces la política para América Latina que algunos propiciaron durante  parte del siglo veinte, estuvo en ponerle presión a ciertos regímenes para cuidar esta imagen.   Pero en el caso dominicano, luego de la muerte de trujillo, a sus intereses les vino a la medida el que se siguieran utilizando los métodos cavernícolas de las estructuras militares y policiales, principalmente en contra de los sectores de la izquierda, por lo cual callaron y le dieron ayuda a quien o quienes actuaron de esa manera para gobernar, porque eran sus aliados en la lucha mundial que desarrollaban en contra del comunismo.

Después que cae la dictadura, a los dominicanos se les empieza hablar de libertad y democracia.  Les hacen creer que los días en que se permitieron los centros de torturas y los métodos criminales  de los militares y agentes policiales se habían terminado. Pero todo eso fue un espejismo. 

El golpe de estado del año de 1963 y los subsecuentes apresamientos y deportaciones de ciudadanos, demostró que Trujillo se había ido, pero no su “Era”.   La invasión de los “marines”, lo cual impidió por primera vez que el pueblo aplicara su propia justicia y el apoyo que algunos gobernantes norteamericanos le dieron al régimen de los doce años del Dr. Joaquín Balaguer, lograron convencer aún màs de que únicamente eliminar a Trujillo y el estado policíaco creado por él y sus secuaces fue solamente parte de la solución, no la extirpación del mal en la raíz,  porque quienes lo sustentaron se quedaron ocupando el espacio que este dejó.  Además, siguieron utilizando sus métodos e instituciones de caracter represivo, con el apoyo del poder extranjero, debido a la Guerra Fría.  

 LA  AMBICION  POLITICA DEL  HEREDERO  POLITICO:

El otro ingrediente y el final, que hizo posible la prolongación aun más  de la  “Era de Trujillo” sin Trujillo, fueron los deseos  del Dr. Joaquín Balaguer de querer estar de por vida en la silla presidencial. 

Cuando el tirano lo nombró presidente de la república, no fue para premiar a tan leal colaborador, aunque para el Dr. Balaguer eso constituyó el màximo galardón que hubiera podido recibir un funcionario público.  El tirano lo hizo para tratar de salir de un trance difícil en un momento de apuro, y a lo mejor sería provisional esa medida.  Pero, con esto, sin darse cuenta, lo pone en el testamento de la herencia política.  Esto así, porque al poco tiempo, cuando Trujillo muere, lo deja en medio de los eventos ya históricos que se desarrollaron, los màs trascedentales para el país durante el siglo XX, convirtiéndolo en su mayor beneficiario.   

El Dr. Balaguer, como en otras tantas ocasiones le sucedió en su vida política, estuvo en el sitio adecuado en el momento preciso.  En aquellos meses turbulentos luego de la muerte deldictador, por los azares del destino y luego por sus ejecutorias, sintetisa lo que en el futuro sería su fuerza electoral: la voluntad de quienes llevaban en su sentir la ignorancia con respecto a Trujillo y su régimen.   

 Aunque no pudo campear los vientos huracanados de la Guerra Fría en aquellos momentos, por lo cual tiene que salir al exilio, deja al irse a su favor el surco sembrado.  Autoriza medidas de corte populista, bajando los precios de algunos productos de primera necesidad, así como también por sus actuaciones al repartir los fondos del Partido Dominicano entre las masas irredentas.   

Desde que regresó del extrañamiento en el año de 1965, participó en todas las elecciones presidenciales que se celebraron en el país, mientras las leyes y su salud se lo permitieron. Desde 1966 hasta 1994, fecha de su última participación, se postuló en ocho ocasiones, y  solamente lo declaran perdedor en dos.  Durante veinte y ocho años estuvo en medio de los procesos electorales persiguiendo el cetro presidencial. Utilizó pacientemente los paràmetros democràticos, sacàndole beneficio a lo que era un perjuicio para el país: la reelección presidencial.

Utilizó a su favor los institutos armados que el tirano creó para su sostenimiento, los cuales amedrentaron y exterminaron a los adversarios que consideraban un peligro inmediato para su larga estabilidad política, junto al patrimonio de todos, que usó para comprar hombres, dividir  o atraerse sus voluntades políticas. 

 El nunca pretendió ser un dictador a la vieja usanza.  Y aunque lo hubiera tratado, las condiciones sociales de esos momentos no se lo hubieran permitido. Por lo hábil que fue y la ayuda que tuvo, se convirtió en uno, pero de nuevo cuño.  Esto así, porque ya para 1974,  el estado no tenía tres poderes independientes, pues este manipulaba la justicia y el legislativo. 

 Todos esos factores juntos, la ignorancia que había con respecto a la dictadura, las estructuras militares y las de preservar el orden creadas por Trujillo, la Guerra Fría junto a la ambición política de su màs brillante discípulo, fueron los que hicieron posible que al morir el “Jefe”, los tentàculos de su “Era” siguieran asfixiando la vida de los dominicanos.  

El Dr. Balaguer dispuso del tiempo y el poder  para hacer los cambios en las estructuras del estado.   Pero mientras estuvo manejando el país desde la primera magistratura, jamàs se tuvo la posibilidad de lograr  esas aspiraciones ciudadanas. Esos atrasos heredados eran los que le permitían gobernar con el único estilo que aprendió de la única escuela que tuvo en la vida: la dictadura de Rafael Trujillo.  La “Era”, con él, no iba a desaparecer; y por eso siguió su curso inexorablemente. 

Es un hito histórico la fecha en que se puede marcar como el final de la “Era de Trujillo.”  Los efectos de 31 años de dictadura trujillista todavía persisten entre los habitantes del país. Parte de sus traumas aún estàn vigentes, a pesar de que a la fecha de estos escritos han transcurrido 44 años de su desaparición, padeciéndolos la sociedad dominicana sin saber hasta cuando.

 Al no volver el último soldado de las batallas del general Trujillo al  poder presidencial, después que termina su último mandato en el año de 1996, y convertirse en historia la Guerra Fría, los otros dos factores no tendrían por si solos la capacidad para darle continuación a la “Era de Trujillo”.  

Seguir usando los métodos represivos en contra de la población, utilizando para ello a los militares y las fuerzas policiales, así como la vigencia del factor ignorancia con respecto a lo que fue la dictadura de Trujillo en un gran segmento de la misma, ya seràn otros males que le traeràn a la sociedad dominicana, pero fuera del contexto “Era de Trujillo.”

 Es el momento que necesitaban  los mecanismos sociales para   empezar a empujar los cambios necesarios para vivir en una sociedad con instituciones dedicadas al servicio colectivo.

                                        ¡Ya no estábamos en Ciudad Trujillo!

                                         ¡ Ha finalizado  la “Era de Trujillo” !

 

 

 

 

                                

 

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