EL ESCENARIO.- (0)

                          EL  ESCENARIO

 Desde que empiezan su vida republicana en 1844, los dominicanos viven una historia lastimada.  Los artífices de la nacionalidad son perseguidos, apresados y, algunos de ellos, eliminados físicamente.  Surgen líderes políticos y militares que hacen todas clases de manipulaciones para anexar a la naciente república o entregar su soberanía, buscando con ello conservar el poder o sus riquezas u obtener ambas cosas, cuando una pasión se apodera de sus vidas: la ambición.  

 Caciques regionales, esos que sus seguidores bautizan en la manigua como “generales”,  protagonizan una serie de guerras intestinas que mantienen en sosobra a los habitantes de las  mismas, creando con ellas caos económico y atraso social.  Y de vez en cuando uno que otro dictador acapara la presidencia de la república, cometiendo toda clase de tropelías en contra de la población y corrompiendo con sus acciones cualquier asomo de orden y progreso institucional logrado hasta esos momentos.

 Muy pocos ciudadanos bien intencionados pueden llegar al solio presidencial.  Aquellos que lo hacen, pasan luego por la triste experiencia de salir del mismo empujados por las intrigas de quienes verdaderamente tienen el poder, esos que con sus acciones no dejan que el país pueda consolidarse como una verdadera nación.

Un centenar de años después de la fecha en que nace su nacionalidad, vemos como todavía el pueblo dominicano vive atado a una de sus más crueles dictaduras.  Sus orígenes y en lo que esta degeneró, arropan a casi todo el siglo XX.  Y empezando el siglo XXl, la generación presente tiene que seguir padeciendo algunos de sus legados.  

Después de que desaparece ese régimen tiránico, en vez de obtener y ejercer la ansiada libertad para disfrutar los derechos que les asisten, los ciudadanos empiezan a padecer las carencias de esos atributos, por el desarrollo de un acontecimiento  y una serie de medidas que dan al traste con las conquistas que debieron haberse logrado al desaparecer la dictadura: un golpe de estado, la libertad de tránsito restringida y el recrudecimiento de la intolerancia ideológica, lo cual trajo como consecuencia nuevamente las persecuciones por motivos políticos. 

 Y la respuesta no se hace esperar.  Ante los derechos negados, jóvenes sedientos de justicia e inspirados en los postulados de los ideales de los nuevos tiempos, enfrentan a los gobernantes de turno, quienes les echan como perros de caza a las fuerzas militares y policiales.

 Cuando tratamos de volver a la realidad, nos arropan días tristes y oscuros, donde solo por  breves momentos se logra respirar un 24 de abril, ese aire embriagante con aroma nacionalista, que nos aturde y nos hace soñar un futuro inmediato prometedor, pero que resulta efímero y utópico.

Llegan momentos delicados y críticos, donde un sector  preponderante de la vida nacional, para luchar en contra de otro, se convierte en cómplice del poder extranjero tradicional que nos domina. Y ese otro que representa en buena parte el sentir de la población, inicia la lucha por los derechos que les son negados, buscando ayuda de los oponentes de esas fuerzas que nos manipulan, convirtiéndose ambos en dos grupos antagónicos que, por la lucha radical que libran, se convierten en la extrema derecha y la extrema izquierda.  

 Esas pugnas no  permiten al país detener el caos institucional que se va generando después que cae la dictadura que imperó hasta 1961.  Dificultan a la sociedad implementar los mecanismos adecuados para que la mayoría de la población pueda superar las perturbaciones emocionales heredadas por los treinta y un años que duró ese régimen despótico, cruel e inhumano, instaurado y mantenido por Rafael Leonidas Trujillo Molina y sus secuaces.

“Era”, que empezó a desaparecer a partir del 30 de mayo de 1961 y que no termina del todo, porque a parte del factor ignorancia, del uso de los instrumentos del poder trujillista por quienes tomaron el control político después de la caída de este, y la pugna ideológica entre el capitalismo y el comunismo, uno de los principales colaboradores de la dictadura desaparecida permitió que se prolongara, por el estilo de sus ejecutorias al gobernar el país durante 22 años, padeciendo por ello un segmento de la juventud sus aspectos màs patéticos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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BUSQUEMOS LA VERDAD… (39)

              Busquemos  la  verdad …

 …en las páginas amarillentas y casi destruidas por el tiempo, de algunos periódicos.

 …en lápidas cubiertas de polvo y en el fondo de las aguas de un impetuoso mar caribe, donde fueron a parar los despojos de tantas víctimas de la tiranía trujillista.

 … latente, en el corazón de algún sobreviviente.

 …en el secreto a voces de lugares como el “9″ y la “40″, donde el cuerpo humano fue lacerado, violado en cada pedazo de carne y mutilado en sus partes íntimas.

 …en el penal de la Victoria, en sus celdas de confinamiento solitario, en donde hombres y mujeres destilaron el dolor de la degradación humana, muchos de ellos por pensar diferente.

 …en los motivos de los que empuñaron y ayudaron a empuñar las armas para producir un tiranicidio, lo cual acabó con la pesadilla de un pueblo.

 … en la conciencia de uno que otro “carnicero” que burló la justicia.

 … en aquel primer voto lleno de esperanza que fue anulado un 25 de septiembre.

 …en las Manaclas, lugar montañoso, donde murió  un grupo de jóvenes que la sed de justicia convirtió en guerrilleros.

 …en el coraje que mostró el combatiente constitucionalista, mal equipado y con pocos pertrechos, al enfrentarse a un poderoso invasor..

 …en los perfiles urbanos y en cualquier recoveco de un paraje rural, donde los agresores de la condición humana en plena luz del día, con las sombras de la noche y la fuerza de la ilegalidad a  mansalva, se convirtieron en las  “fuerzas incontrolables”.

 …en el padecimiento de aquellos que deciden servir de carnadas de tiburones en el Canal de la Mona o morir asfixiados en la bodega de una embarcación, ante que morir de hambre  en el lugar que los vio nacer.

 …en el porqué se borró la paz ciudadana en las calles, donde el fusilamiento de las víctimas del sistema es aplaudido por aquellos que temen algo que perder.

 … para  evitar  que  la  generación en cierne y las del porvenir, por  ignorancia,  sigan colocando  en  un  altar  a   los  verdugos  de sus  antecesores  y  a  los  culpables  de  su  presente  incierto

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EL MIEDO (8)

                           EL  MIEDO

 El miedo es una reacción instintiva por algo real o imaginario, un mecanismo de defensa psicológico.  Luego nace el temor, por algo màs concreto y directo, como el que obliga a las personas aceptar sumisamente algunas decisiones y hacer un hàbito de ciertas pràcticas para no sufrir las consecuencias a lo que con lleva; como en el caso de la dictadura que nos ocupa, desobeder las directrices planteadas por quienes en el momento tienen influencia sobre sus vidas.  

Esa perturbación sicológica tiene su historia en la isla. Llamada por sus naturales habitantes Babeque o Bohío, bautizada luego por los primeros colonizadores como la Española, es el escenario donde  aparece afectando por primera vez de manera colectiva, la vida de la raza indígena durante la época colonial,  debido a la explotación a que fue sometida por los primeros europeos que desembarcaron. 

 El sistema de cuotas para la entrega del oro que se recogía generó en su momento un evidente temor entre los habitantes naturales, pues quienes no cumplían con lo especificado, podían perder una oreja, la nariz o parte de sus extremidades.

 Este factor también aparece con las mismas características, arropando a un gran conglomerado social, cuando se dan las llamadas devastaciones de Osorio, entre los años de 1605 y 1606.

Algunas ciudades de la parte occidental fueron destruidas o arrazadas para acabar, entre otras cosas, con el contrabando y sus consecuencias,  la introducción del protestantismo, la facción de la iglesia católica que se fue con Martín Lutero, al encontrarse biblias de este genero entre los artículos que entraban a la isla  por negocios a espaldas de la dominante metrópoli española.  En esos tiempos, ésta controlaba  la vida económica y política de los residentes del lugar.  Aquello se vio como un peligro para la fe cristiana, por lo cual decidieron actuar para conjurar esa amenaza

La ejecución de la orden de desplazamiento de pueblos enteros, lo cual se convirtió luego en un exterminio, estuvo en manos del gobernador Antonio Osorio quien, por la forma en que llevó a cabo el mandato, “de manera cruel e inhumana”, creó un estado de inseguridad entre los habitantes de la Española. 

 Seis pueblos fueron destruidos, dando a los habitantes de esos lugares solamente un día para que salieran de sus propiedades.  Incendios,matanzasy la salida de familias enteras hacia Cuba, tuvo como consecuencia hasta un levantamiento, que luego fue sofocado.  Entre las comunidades devastadas se encontraban Bayajà y Yaguana (de ahí el nombre de Bayaguana); Monte Cristi y Puerto Plata, de donde surge Monte Plata.

 Este mecanismo defensivo que se origina en la siquis del ser humano también lo hizo surgir entre la población desde las alturas del poder, con  sus métodos de gobernar para mantenerse al frente de lpaís, Ulises Heureaux, el cruel Lilís como se le llamó. 

 Testigos y sus vivencias, de donde surgieron anécdotas, señalan que con el paso del tiempo al Lilís convertirse en un dictador, fue creando un miedo colectivo, al auxiliarse entre otras,  de espías, con la finalidad de enterarse del pensar de la gente, por lo cual muchos fueron a parar al pelotón de fusilamiento. 

 Esa turbación sicológica fue impregnàndose con una aureola de superstición originada por la ignorancia.  Se convirtió en toda una leyenda alrededor de la vida de quien se dijo estaba “untado” (término con el cual es señalado una persona protegida por los espíritus o seres sobrenaturales, para no ser herida con armas de fuego) , quedando luego este decir solamente como parte de un mito, cuando es abatido a balazos  la tarde del 26 de julio del año 1899, en la ciudad de Moca.

Pero el desarrollo de los tentàculos màs eficientes para propagar de manera premeditada el miedo entre la población, ocurrió durante la dictadura de Rafael Trujillo.  Esta fue una de las causas por la cual se mantuvo gobernado durante largo tiempo.  

 En ocasiones, una forma de respuesta para contrarrestar esta clase de miedo se da en las manifestaciones de violencia que personas a manera individual o de grupos manifiestan, al sentirse amenazados por las actitudes de quienes detentan el poder en determinados momentos en el seno de la sociedad. 

 Pero en el caso de la dictadura que nos ocupa, ese miedo para hablar o hacer cualquier cosa que no le conviniera al régimen impuesto, no pudo ser superado por la mayoría poblacional, principalmente la urbana, porque vino reforzado por un adoctrinamiento sistemàtico y una serie de actividades que mantenían a la misma en una ignorancia general de lo que en verdad estaba pasando en el país.  Esos factores  influyeron para mantenerla sumisa, por lo cual fueron aisladas, esporàdicas y controladas, toda manifestación de rebeldía colectiva e individual.     

 En sus inicios, al tomar la presidencia de la república, el entonces general Trujillo ya tenía en sus manos a los militares, su principal base de apoyo, cuya mentalidad autoritaria estimuló. Esto hacía sentir a la sociedad civil como ciudadanos de inferior categoría y de donde primariamente emanó el miedo, uno de los factores que mantuvo a la población bajo su control.  

 Con el paso del tiempo, los militares se fueron convirtiendo ante los ojos de la población, en el brazo ejecutor de los designios del dictador.   Fueron creando fama de duros y enérgicos por los atropellos que cometían, destacàndose una serie de generales en los diferentes crímenes que por motivaciones políticas se fueron cometiendo en el país durante el reinado trujillista.

Pero ya antes de tomar el poder político, el generalTrujillo propició bandas armadas como la denominada la “42″.  Esta se hizo famosa por la persecusión que desató en contra de sus oponentes políticos,  durante la contienda electoral de 1930.  Varios de ellos se escondieron y otros se fueron al exilio, renunciando  a sus puestos y candidaturas, dejàndole el paso libre por el temor de perder la vida, a quien ya empezaba apoderarse del país, cosa que logró hasta su muerte en 1961. 

Otras herramientas auxiliares que ayudaron a la propagación del miedo empezaron a desarrollarse bajo una aureola de que eran pre requisitos para vivir en un estado organizado.   El 29 de diciembre de 1931, el presidente Trujillo emite un decreto, para que la cédula personal de identidad fuera de uso obligatorio para todos los varones mayores de 18 años de edad.  En el mismo se especificaba que el documento iba a servir como mecanismo de control para la población y a la vez de recaudación monetaria para el fisco. A partir de ahí, los agentes policiales y militares empezaron a requerirlo a la ciudadanía, llevàndose detenida a cualquier persona que no lo tuviera. Y por el temor a ser apresados, los habitantes del país fueron empujados a obtener dicho documento.  Lo mismo pasó con el carnet del partido único, al cual era obligatorio inscribirse para obtenerlo,como luego sucedió también con el que señalaba a una persona estar enrolado en el servicio militar obligatorio.     

También fueron parte de lo mismo, los campos de trabajos forzados que hubo en las provincias de Nagua y Azua, así comolos centros especializados para torturar a seres  humanos.  Aunque supuestamente esos sitios debían estar fuera del conocimiento público, era un secreto a voces entre ciertos sectores de la población, lo que acontecía en esos lugares.  Esos rumores  estimularon en mayor proporción el surgimiento del factor sicológico defensivo llamado miedo, que el de incoformidad o rebeldía por tales procedimientos del gobierno.    

Las càrceles públicas, de cuyo triste recuerdo se habla hoy en día de la que hubo en la ciudad de Nigua durante la tiranía, y de la que existe en la actualidad con el nombre de La Victoria, donde todavía se vive el espectro del miedo, se distorsionó con ellas el sentido de lo que verdaderamente debía ser un centro de rehabilitación penal.   

El término usado en toda sociedad civilizada de llamarles correccionales a las càrceles, esas instituciones dedicadas a volver a poner en condiciones de vivir en la sociedad al inadaptado social, siempre estuvo fuera de orden durante la dictadura trujillista, porque varias de las prisiones que se crearon fueron utilizadas para destruir física y mentalmente a los opositores de la misma,  generando entre la población un temor indescriptible el ir a parar a una de ellas por motivos políticos, ya que el suplicio y la vejación , cuando no la muerte, eran la terapia que imperaba en esos centros para todo disidente del régimen imperante.     

 Otro elemento que constituyó un eslabón màs en la cadena del miedo que se fue tejiendo durante la tiranía impuesta al país desde 1930, lo fue en su momento el llamado Foro Público, el terror de la sociedad trujillista.  Fue una sección fija que se publicó durante 13 años en el periódico el Caribe, al lado del editorial, manejado en ese entonces por la dictadura.  Apareció por primera vez en la edicióndel 17 de mayo de 1948. 

En principio se tuvo como un medio donde lectores exponían a través de cartas enviadas al diario.  Se publicaban diversos tópicos del acontecer social, al igual que de problemas personales de los mismos surgidos con servidores del régimen, debido a irregularidades cometidas por éstos en el desempeño de sus funciones.  Todo esto fue generando el que surgieran opiniones de otros lectores, lo que motivó que se acrecentara el interés por dicha columna periodística.

Debido a lo anterior, ya para 1951, los tentàculos de la tiranía se habían  apoderado de esta vía de comunicación escrita.  La misma se convirtió en un instrumento para castigar a quienes por su actitud se desviaban de los lineamientos impuestos por el “Jefe”.   

 Cuando una misiva salía en el Foro Público, criticando el comportamiento de una determinada persona, podia decirse que ya  estaba en desgracia con el régimen y su vida a partir de entonces se vería afectada de manera negativa, ya que de una manera u otra Trujillo tenía el control de lo publicado.

La mayoría de las cartas de los supuestos lectores estaban confeccionadas por funcionarios e intelectuales al servicio deTrujillo y por órdenes de éste.  En algunos casos eran como“un resumen de las informaciones colectadas por varios organismos del gobierno, en su tarea de vigilancia y monitoreo de lo que pasaba entre la población”.  Allí se veían denuncias para poner en marcha la acción de la justicia, se acusaba y se difamaba.  Pero también, este medio era utilizado para venganzas personales, debido a rivalidades surgidas entre los mismos colaboradores del gobierno.

Pero el miedo de una persona a que su nombre saliera publicado en el Foro solamente llegó a la elite gobernante, a los conectados de una manera u otra con el régimen, es decir, a los que disfrutaban los beneficios del sistema impuesto. A las masas marginadas del acontecer social y que a penas sabían leer, las consecuencias de las rivalidades políticas o las que emanaban del poder, estaban muy lejos de que los alcanzaran.   

 La suma de todos los miedos que produjo la dictadura trujillista y los temores que esta generó, se vio cuando pusieron a un civil al frente del Servicio de Inteligencia Militar, al cual hizieron luego coronel, el nombrado Johnny Abbes García.  Este ya había servido con éxito al régimen en operaciones secretas en el exterior. 

El reclutamiento de informantes que sumaron centenares, el famoso centro de torturas de la calle 40, el atemorizante ruido en las noches del motor de los carros llamados cepillos, ocupados por los agentes secretos en su tarea de vigilancia, fueron para 1957 el inicio de una nueva era de terror para los habitantes del país. 

 El miedo se apodera de una manera tan impresionante de un gran sector poblacional, que crea una barrera para el desarrollo satisfactorio de las relaciones sociales, causando la desconfianza entre los ciudadanos.  “Fue que se puso a un pueblo a vigilarse a si mismo,  y al degradamiento moral que conllevaba  esta pràctica.”

 Nadie expresa su sentir abiertamente cuando se trata de asuntos relacionados con el régimen; este se esconde cuando se disiente.  Solamente se hace partícipe de él a un familiar muy íntimo o pareja, en momentos y lugares donde nadie màs pueda escuchar,como una medida de precaución para no ser denunciado y a las consecuencias que esto con llevaba

 Influye de una manera determinante en esta situación el caliesaje, actividades de personas reclutadas para espiar la vida cotidiana de los demàs. Cualquier cosa que se hiciera o se dijera en contra del sistema dictatorial, y llegue a ser vista u oída por uno de estos personajes, iba a  resultar catastrófico para quien fuera reportado al organismo de seguridad, pues iba a ser catalogado como enemigo del régimen. 

 La empleadadelservicio en la casa, un simple paletero o un limpiabotas en una esquina, el vecino, el amigo casual o el compañero en el trabajo, eran todos informantes en potencia, es decir, un calié.

 El miedo colectivo fue un factor tan avasallante, que el caso del Hotel Matúm ubicado en la ciudad deSantiago, en el centro del país, ilustra de una manera inequívoca cómo  incidió en la vida de casi todo ciudadano que vivió durante la dictadura.

 En dicho hotel, el 6 de agosto de 1955, fue celebrado, con la presencia de funcionarios del gobierno y lo màs selecto de la sociedad santiaguera, un homenaje a un distinguido abogado de aquella comunidad.

Durante el acto, en ningún momento se mencionó el nombre de Rafael Trujillo, cosa que ya era una costumbre en actividades de ese género. Al otro día, este olvido imperdonable, provocó un mar de protestas por los canales de propaganda de la dictadura, causando amonestaciónes y el hacer sentir verguenza ante la opinión pública a quienes asistieron a dicho acto, junto al despido de sus puestos de trabajo en el gobierno  para los principales organizadores y de algunos de los que estuvieron presentes. 

 

Los casos que llamaron màs la atención fueron los de Eduardo Sànchez Cabral y Federico Alvarez, este último el homenajeado, quienes fueron cancelados de sus càtedras universitarias, juzgados y expulsados por un tribunal de honor del Partido Dominicano, como también por el de la Academia de Ciencias Morales Políticas, instituciones creadas por la dictadura para el adoctrinamiento.                            

 Hasta se hizieron dos mítines públicos condenando la actitud de los organizadores de dicho acto.  Uno, el 19 de agosto en la ciudad deSantiago; el otro, el 27 del mismo mes en la ciudad capital.

En el primero, el orador principal fue el Dr. Balaguer, en donde este dijo, entre otras cosas, lo siguiente:

“ ¿Cómo ha sido posible que los oradores del Hotel Matúm olvidaran de buena fe que su Jefe Trujillo era el primer constructor dominicano de todos los tiempos; tan así que había construido el hotel en que se olvidaron mencionarle ?  ¿ Cómo se puede silenciar un nombre que està presente hasta en el aire que respira el pueblo dominicano? ”

 Debido al miedo, durante muchos años se habían estado haciendo alabanzas al tirano en la mayoría de las manifestaciones públicas. Pero después de este suceso apareció el temor por represalias parecidas, motivando a que en todo acto, aunque fuera de caracter privado, jamàs se dejara de mencionar su nombre, dàndole las gracias  por ser inspirador y ejecutor de todas las cosas buenas que había en el país.  A partir de ahí, las siguientes palabras se escuchaban casi siempre entre los organizadores de actividades similares :  ¡Acuérdate del Matúm!

 Expresiones populares ilustran cuan alerta, en ocasiones, se encontraba una determinada persona para no verse envuelta en problemas con los que dirigían el estado policíaco en el que vivían:   Entre ellas: Yo no me doy cuenta; hay que estar chivo ( alerta) para no caer en un gancho ( verse en problemas); mujer de guardia no cae en gancho;  no, yo no estaba ahí; ah, yo no sé no.

                

 

 

 

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En busca del espíritu de la Navidad. (38)

                                         NO  PERTENECE  AL  LIBRO LA FONDA Había una vez, en la década de los años setenta, del recién finalizado siglo XX, una ciudad, en donde los habitantes de la misma, cansados de que no se cumplieran  las  promesas  de los  vendedores  de  ilusiones, dejaron de ir  a  votar en las elecciones que cada cuatro años elegía a los que debían velar por los “intereses de todos”.

 Los miembros de la burocracia gobernante, a la fecha del término de su cuatrenio, dejaron  desiertas  sus  oficinas y se recluyeron  en  sus  casas, a la espera, según ellos dijeron, de que  los  ciudadanos  rectificaran  su  error  y  los  eligieran nuevamente.

 Los grupos que tradicionalmente  se  disputaban  el favor del público para dirigir los destinos de la ciudad, dejaron de existir, porque ya  nadie les dió su apoyo.  Entonces,  se  formaron  un  sinnúmero  de  asociaciones  para  defender  los intereses  de  quienes  la  crearon  y  el interés colectivo:

IGUALDAD  PARA  TODOS  ANTE  LA  JUSTICIA,

OBRAS Y CONSTRUCCIONES PRIORITARIAS,

PREVENCION  DEL  DELITO  Y  ORDEN PUBLICO,

etc., etc.,  y  etc. 

Una  de  las  que  trabajó  con  gran eficacia, fue la que se encargó  del  sistema  educativo,  ya que hizo imprimir en los libros  escolares  las  causas que motivaron los cambios, para que  la  presente y futuras  generaciones mantuvieran latentes en sus mentes, las consecuencias que trae la demagogia suministrada a nivel de masas  y  comprendieran mejor el presente, conociendo los hechos pasados.

Con esto, la memoria colectiva sobre esos eventos quedaba a salvo, evitándose el ocultamiento de la verdad y su distorsión, por  quienes  siempre  se  han  alimentado  con  la  ignorancia ciudadana.

Además, fue  un remedio  efectivo  para  curar  cualquier brote de inconformidad, ya que cuando los intereses de cada grupo chocaban entre sí, creando esto dificultad para la  solu-ción  de  cualquier  problema,  se  recordaban  de  su  pasado reciente  y  fueron  más  comprensivos, haciendo  de  la  tolerancia  la  llave  que  solucionaba  todos  los  inconvenientes, por  lo cual  cada  quien  cedía  en  algo  con  tal  de que  no se volviera al sistema anterior.

También  se  creó  la  asociación  para las investigaciones históricas.  Esta  empezó  la revisión  pormenorizada  de cada situación  del  pasado,  partiendo desde el descubrimiento de América y pasando por las lides independentistas, sin olvidar a la última estirpe de los vendedores de ilusiones.  Los hechos que fueron escritos por pseudos historiadores, motivados  por intereses mercuriales o con sentimientos racistas, no resistieron el análisis imparcial  de  quienes comprometidos solamente con la  verdad,  expusieron  con  toda su crudeza las salvajes agresiones  físicas  y  morales  que  los  falsos héroes  cometieron contra sus congéneres.  Debido a esto, muchos de ellos fueron bajados de sus pedestales. 

 La empresa fue ardua, entregándose cada quien con dedicación  a  sanear el cuerpo lleno de lacras, de una sociedad que por largo tiempo fue vapuleada sin misericordia.   

 El tiempo pasó  y  el trabajo  para lograr las metas deseadas, fue a lo único que se dedicaron los habitantes de esa urbe. 

 Al final del mes de  octubre, extrañados, todos  expresaban con  su mirar  incierto, preocupación,  por  la  ausencia  de  algo  que tardaba  en  llegar, los aires pascuales. 

Los  días  de  noviembre  volaron rápidos, apareciendo de manera inexorable las primeras luces del vecino diciembre. Hombres, mujeres y niños, se movian desorientados. Se acer-caba  la  fecha  y  todo  seguía  igual. ¿Qué estará pasando?  ¿Porqué no llega?   Interrogantes  que  surgían  por  doquier.   

Al  llegar  la  primera  semana  del  último  mes  del  año,  la asociación  de  comerciantes, presintiendo que en vez  de un aumento  habría  un  descenso  en  las  ventas,  pidieron  a la asociación de finanzas que de urgencia,  adelantara  el  pago del doble sueldo.  El ruego no se  hizo  esperar.  Millones  y millones  de  pesos  se  depositaron  en  los  bolsillos  de  los habitantes de la ciudad.  Pero allí se quedaron, porque no era por falta de dinero el desinterés en las compras. 

La  asociación  de  buhoneros, esos vendedores callejeros que  instalan  sus  tarantines  recostados  en las paredes y en los bordes de  las  aceras, viendo que se les estaba escapando su  mejor  temporada  para  los  negocios, mandaron a  poner avisos en grandes cartelones por toda la metrópoli, anunciando el inicio de la época navideña. 

 A los pocos días, las principales calles y avenidas se vieron atiborradas de frutas  y  otros  productos  llenos de bellos coloridos.  Pero nadie les hizo caso, llenando esto de pesimismo el futuro inmediato de  tantos buscavidas. 

 Las tradicionales joyas musicales que otros años adornaron el medio alegre y festivo, esta vez  brillaban por su ausencia en las  ondas  radiales.  Fue  entonces,  cuando  la  asociación  que representaba  a  los  combos  y  a las orquestas, solicitaron a las emisoras de radio que  difundieran  la  música  tradicional de  la época,  para  que  se  fuera  creando  el ambiente propicio de  la  bailadera,  ya  que  a  la  fecha  no  tenían  en  su  agenda ningún compromiso para presentarse en los sitios de diversiones. 

De  inmediato,  esas  inolvidables  melodías,  empezaron  a difundirse y a escucharse en todo lugar donde hubo un receptor de radio encendido.

 Pero el problema siguió sin solución, ya que no era por falta de esa  música llena de añoranzas, que el aliento tradicional  de la navidad no calaba en el ánimo de las personas.              

La  asociación de choferes  del  transporte  público,  decidió subir  el  precio del  pasaje  por  varios  días,  porque  según ellos, estaban en la época navideña  y  como nadie les  daba  su doble sueldo, ese aumento temporal constituiría su aguinaldo. 

La gente, de repente dejó de utilizar los carros del concho, pues mejor se levantaban más temprano y se iban  a  pié a su trabajo, para ir meditando por el camino sobre la situación imperante. 

Tal  medida  pronto quedó sin efecto, ya  que en vez de obtener más dinero, los trabajadores del volante recibían menos.       

Y así, cada  asociación  cuyo interés comercial tenía algo que ver con la festividades del  fin  de  año,  trató  de  motivar  a  la población para que se integrara  a  las actividades tradicionales, sin poder ningunas de ellas lograr su objetivo común.                   

Los momentos desconcertantes  aumentaban. Cada  día  eran más las personas que se paraban largo rato en las puertas de sus casas con  la mirada perdida en el firmamento, esperanzadas de encontrar  alguna  señal  divina  y  orientadora en el cielo, lugar que según la tradición  religiosa, servía de morada  al  que  todo  lo puede y sabe de todas las cosas. 

 Las esquinas de los barrios lucian desiertas, ya que  la  ciudadanía  se  recluía  en sus hogares después de la jornada diaria de trabajo y desde allí  comentaban: 

 Decían los hombres:  “Este año no hay ambiente de  parrandas y  bebentinas.”  Las  mujeres  por  otro  lado, no  sentían  interés alguno  para dedicarse a   preparar los platos tradicionales, como lechón asado, pavos y pollos rellenos.   

 Los envejecientes, balanceándose en sus mesedoras, evocaban los tiempos de antaño, cuando los brindis se hacían con tisanas de jengibre y ponches caseros.  Añoraban los lerenes, el  pan de fruta y  el puerco asado con casabe.  

Los niños, no les hacian caso a los siempre “prohibidos” fuegos artificiales,  porque  se  sentian  tristes  al  presentir, de que en esta ocasión no iban a recibir los tradicionales juguetes del niño Jesús o de los Santos Reyes,  ni hablar de los de la vieja Belén.  

Se  acercaba  el  fin  de año y la navidad, ni por asomo mostraba señales de su presencia.                                 

Y creyendo todavía que estaban vigentes los tiempos de Don Martín Garata, y pensando que iban a navegar en aguas mansas y favorables, los ilusionistas, aquellos personajes apartados por el pueblo de la vida pública, tratando de revertir el curso de los acontecimientos, vieron en esta situación la oportunidad de tomar nuevamente el protagonismo de la misma y crearon de inmediato una nueva asociación.

Con urgencia, emitieron  un  documento  que  mandaron  a  publicar  en  los principales medios de comunicación escrita, en el cual decían reconocer sus errores del pasado y exortaban a la población a no dejarse abatir por la falta del ambiente tradicional de cada fin de año, porque ellos, decía la declaración: “con el  apoyo  de  los  ciudadanos progresistas  en  este  momento  histórico, llevaremos  nuevamente  la  alegría  a  todos  los  hogares,  ya  que  el  nuevo sistema  es  el  culpable del  estado  de  deterioro  anímico por el cual pasan todos  en  estos  momentos,  por  mantenerlos  trabajando  sin  el  merecido descanso.”

También expresaba el comunicado, de que en los próximos días abrirían un gran número de locales por toda la ciudad, en donde se regalarían juguetes a los niños y los ingredientes para una cena navideña, prometiendo de paso la repartición diaria de raciones alimenticias entre los pobres.

Pero, no contaron con la asociación de la Salud e Higiene Mental de la población, que le salió al frente y emitió otro documento en respuesta, donde en parte se decía lo siguiente:

 “El dar o el dao, como institución que envilece a los seres humanos y los hace dependientes del esfuerzo de otros, ya hace tiempo que el pueblo lo echó al olvido, ganándose este con el sudor de su frente todo lo que recibe.  Si lo que desean es ayudar a los menos favorecidos, inviertan esos recursos en disminuir el desempleo, mejorar la educación y el cuido de la salud, cosas verdaremente necesarias para el fortalecimiento de la comunidad, estando seguros de que esta los aceptará con un inolvidable agradecimiento hacia ustedes.

Además, el trabajo arduo dignifica al hombre, cuando su beneficiario es quien lo ejecuta, muy por el contrario, de cuando se hacía  en nombre del progreso para beneficio de una reducida y selecta minoría .”

 Después de esto, no se supo jamás de tan ilustres ciudadanos, pues la voluntad popular los mandó a vagar por las sombras del olvido.    

Los establecimientos comerciales  empezaron a cerrar sus puertas más temprano de lo acostumbrado, desapareciendo con esto  la  vida  nocturna y  por  ende  los  sitios  de diversiones.

 Los desperdicios se amontonaban  en las calles, generando estos olores muy desagradables y permitiendo que el sucio se  acumulara  por  doquier.  El  habitat  de  todos  lucía  mustio,  ya  que  al  ir  pasando los días, gradualmente había ido perdiendo su brillo.  La  apatía  en su estado crónico era ya general.    La ciudad… ¡ parecía estar muriendose!                      

                                                       24 de diciembre

Después  de  estar un tiempo inmerso en  el  diario que hacer para lograr sus metas, el ser humano siente  la necesidad  de un receso. Es  el  momento  en que  una  semilla  de  amor empieza a echar sus  raíces  en su   interior,   estremeciendo  toda  la estructura emocional, haciendo que deje a un lado la sordera habitual y escuche cada latido de su corazón, el cual  como un  tic tac de un reloj, le va despertando  sentimientos  dormidos,  muy  especialmente el de la generosidad.

Es muy de mañanita, el sol empieza  su  labor habitual  echando a un lado la oscuridad, barriendo, con sus brillantes  rayos  de  luz,  los residuos  de  sombras  de  la  noche  anterior  que  aún  persistían  en quedarse . 

 En  la  ciudad,  desde  muy  temprano,  los  habitantes  observaban el ambiente recostados  en  las puertas  y  ventanas  de  sus  hogares, ya que  no pudieron  conciliar  en  la  madrugada un solo pedacito de sueño.  Estaban, como se dice comunmente, trasnochados. 

 Las calles se veían casi solitarias  y  el tránsito vehicular  era  muy escaso.  Se  notaba  un  virtual toque de queda, ya que en su mayoría la gente no salió a trabajar como era su costumbre. 

Entonces,  fluye  el  viento.  Unas  brisa  fresca  y  acariciante  se adhiere a la piel de cada quien, haciendo sentir a todos un cambio en el  clima.  Con  esto, aumenta  la  expectativa.  Se  presiente que algo eminente  va  a  ocurrir.  La emoción que brinda la curiosidad ante lo desconocido, hace  que  se  pierda  hasta  la  hora  del desayuno, y en ayuno, cada quien sigue manteniendo la vigilia.        

Mientras,  en  medio  de  las  miradas indiferentes de la preocupada población, aparece caminando por las calles semi desiertas, la figura de un niño descalzo con sus ropas raídas.  Surge, desde uno de los tantos  barrios pobres  que  conforman  la  periferia  de  la  ciudad,  llevando consigo una escoba recostada en su  hombro. 

Para unos, era un carajito más en el medio.  Para  otros, un tiguerito sin importancia.  Epítetos, que retratan a la figura,  pero  no  a  la  realidad  que  envuelve  a  ese  joven ciudadano, que consciente de como resolver sus  necesidades  más  perentorias, había  salido al  amanecer  de su humilde vivienda con la esperanza  de obtener algún dinero limpiando algo. 

 Al llegar a una calle céntrica, se acerca a un anciano, que recostado en la  puerta de su vivienda, presensiaba  al  igual  que sus vecinos  el panorama. 

 El niño le dijo:  -oiga señor, si le limpio el frente de la casa me da algo.-

  — ¡ Y para qué carajos ! — , le dijo el anciano de forma repentina  y  de mal humor,  –quiero yo la acera limpia.– 

 -Es que hoy es Noche Buena.-   Le contestó el niño de manera afable, sin alterarse por la brusquedad de su interlocutor.  

 –¡ Bah !– , le dijo el anciano,  –todas  las  noches son buenas si uno se lo propone.–  

 -Pero es que mañana es el día. El día de la Navidad,-  le ripostó el niñó nuevamente. 

 — ¿ Y qué sabes tú de eso?–   le  dijo  el  anciano.  

Entonces el niño le sonrió e irguiendo su diminuto pecho le contestó: 

 “ Yo soy su ayudante especial.”

Aquel hombre se quedó un rato meditando, no por la respuesta, sinó por la figura de ese niño, que  con  la mirada  decidida  de un adulto, le pedía  trabajo  para  mitigar lo que a simple vista no necesitaba explicación. 

 Esto le produjo cierta conmoción interna y no tuvo mas remedio que sonreir.  Ya de manera más calmada le dijo :

 –Toma, te lo ganaste, limpia lo que quieras.–   Aquel  niño, al verse con un billete, cuyo valor él  jamás pensó conseguir, empezó a limpiar con motivados deseos, debido a la generosidad de aquel ser humano, que de repente sintió algo diferente en su ser.

 –Además,–  le dijo el anciano,  –te  ayudaré  a  limpiar, estoy  harto de esperar sin hacer nada, lo que no llega.– 

Los vecinos, al ver aquella figura canosa y encorvada limpiando  la calzada  junto aquel niño,  se  acercaron  a  preguntar lo que estaba pasando.  El  anciano,  encarando  un  sinnúmero  de  voces  y  miradas curiosas, respondía a cada pregunta de manera  jovial  y  casi cantando:

 “Yo soy el ayudante, del ayudante especial de la Navidad, ¡qué llega  mañana !  ” 

 Los allí presentes se reían de tal ocurrencia, para luego irse todos  a sus casas  y  salir casi de inmediato  con  escobas,  e  imitar  así,  a  los primeros  portadores  del espíritu  de  la  Navidad.

 Casi al medio día, se podía observar en la ciudad un ambiente diferente.  Los moradores de todos los barrios  recogían la basura, dejando sus vecindarios relucientes.  Sensación de lo agradable al ver las calles limpias, porque las comunidades se preocupan por el aseo de su sector.  

 También  bastó, que una sola persona  empezara a pintar el frente de su  casa,  para  que  en pocas horas las ferreterías vieran terminadas sus existencias,  por  la  avalancha  de  gente  que  se  presentó  a  comprar pinturas  para  hacer  lo  mismo  en  las  suyas.  Sensación de pellizcos tiernos, al ver las casas recién pintadas con los colores de nuestros sentimientos, por el deseo de renovación que  se  despierta  en cada uno de nosotros. 

Las  tiendas  de  todo  género no  daban  a  basto para  satisfacer las demandas  de  compras de toda la población al mismo tiempo.  La  urgencia  de  preparar  el  escenario,  donde  la  gran  cena  en vísperas  del  día  de  navidad  sería el espectáculo principal, dejó cansados, pero satisfechos, a todo el que intervino para que se realizara el tradicional evento.  

 Y así, el olor de los manjares  de  la  época  empezó  a  impregnarse  en  cada  hogar, donde  en  pocas  horas un acto familiar, se convertiría en el punto de partida de las reflexiones que llevan  a  muchos cada año  a  sentir el deseo de renovarse física y espiritualmente.

 Ya en la noche se respiraba un aire distinto y agradable.  Se veían miradas alegres y caras sonrientes al recibirse u ofrecerse fraternales saludos. 

 Grupos de jóvenes recorrían las  calles ya adornadas  con  las guirnaldas  tradicionales, cantando alegres villancicos.  Había llegado por fin el espíritu de la navidad y todos se dieron cuenta, cuando empezaron a compartir.

 

 

                                                                 

 

 

 

 

 

 

                                                    

 

 

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El Precio del Olvido. (35)

                                     EPILOGO

                  -EL  PRECIO DEL  OLVIDO-

 

 La noche del tiranicidio fue la culminación de un drama donde actores internos y los externos que incidian en el panorama regional, lograron sus propósitos.  Luego, intereses alejados a las necesidades nacionales, de grupos criollos ligados al capital y políticas extranjeras, convirtieron subsecuentemente en una comedia, que dio continuación a la gran tragedia que siguió viviendo el pueblo dominicano durante el siglo veinte.

Los cambios que se fueron operando en el ambiente, luego de la muerte del dictador, tuvieron los efectos de una revolución en pequeña escala. Éstos, entre otras cosas fueron modificando conductas o comportamientos entre los integrantes de la población urbana.   

Los trujillistas todavía en el poder y su banda de paleros, buscando tardíamente apaciguar los ímpetus de rebeldía, junto sus contrarios, los cuales recorrian las calles buscando a los calieces e informantes y destruyendo a su paso todo vestigio que recordaran a los antiguos amos del país, con sus pugnas y luchas, hizieron pensar de una manera ingenua a muchos ciudadanos, que ellos eran los verdaderos protagonistas de lo que había sucedido y estaba pasando. 

Las escaramuzas callejeras le dieron un colorido un tanto extraño al concepto de un segmento social luchando por sus derechos, porque eran contra los residuos dictatoriales, los cuales ya habían sido vencidos la noche del 30 de mayo de 1961 y todavía no se daban cuenta. 

Luego de eliminado el partido único, los nuevos que surgieron se conviertieron en maquetas de esperanza, refugios a donde fueron a parar las creencias ciudadanas de que desde allí saldrían las soluciones a los problemas del país.  La historia desde ese entonces se ha estado escribiendo de manera distinta.     

El proceso que siguió a la caída de la dictadura deTrujillo lo que trajo, entre otras, en el orden político, fue una era de caudillismo y una carencia  absoluta de hombres de estado, donde cada agrupación se convirtió en el feudo de esos nuevos líderes.  Asi mismo, la falta de tradición democràtica interna de las mismas fue el reflejo de lo que siguió pasando en el país.

 Nuevas expresiones se incorporaron al lenguaje del pueblo llano, señalando con ellas las diferentes escalas sociales.  “Hijos de machepa” eran los pobres; el burgués, la reducida clase media; y a los ricos empezaron por llamarles “tutumpotes”.

Se desempolvaron otras fuera de uso: democracia y libertad.  La palabra democracia fue llevada de la mano por unas elecciones; la libertad fue asociada, primeramente, a la forma del pueblo expresar sus inconformidades políticas sin el miedo a recibir represalias por ello, y luego a la voluntad de escoger a quien quisiera en las mismas.   Luego, “una fue violada por un golpe de estado y la otra atropellada por una invasión extranjera”. 

Fueron hechos impactantes, situaciones convulsas que desbrozaron el camino con dísimiles vertientes, por donde jóvenes de mi generación empezaron a desfilar hacia el umbral de otro infierno. Esto, debido al irrespeto a la constitución y a las leyes, lo cual desembocó en un desconocimiento a los derechos humanos, trayendo como consecuencia el que se tuviera que luchar de nuevo por lo que le dijeron a los ciudadanos del país que habían obtenido, cuando desapareció el dictador y su dictadura.  

 A partir de ahí, intereses foràneos divideron a la sociedad, profundizando sus diferencias políticas, radicalizando sus posiciones.  Los adversarios ya no eran los trujillistas y sus contrarios, pues los mismos se convertieron en la extrema derecha y la extrema izquierda.

Odios irreconciliables provocaron el que se perdieran valiosos entes humanos, desperdiciàndose, de paso, tiempo y recursos que hubieran servido para transformar las instituciones heredadas al caer la dictadura, borràndole el sello personal de quien las creó para su usufructo y que otros siguieron utilizando para lo mismo.    

 En la medida que las luchas políticas se fueron agudizando, sus protagonistas no se daban cuenta de los efectos de las mismas en el seno de la sociedad.  Por olvido e insensibilidad de quienes empezaron a manejar el sistema, siguió aumentando una masa poblacional en la pobreza y la ignorancia, en lugares no aptos para la convivencia humana.

Hoyos y cañadas se hizieron famosos por la forma increíblemente infrahumanas en que vivían sus habitantes.  Los cordones de miserias no solamente se fueron multiplicando en las periferias de las ciudades, sino que sus ramificaciones se incrustaron en medio de la metrópoli, convirtiéndose aquello en oasis paupérrimos en medio del esplendor y la opulencia de tantas torres residenciales que se iban construyendo.     

La situación fue golpeando tan cruelmente al desposeido que fueron llevando hasta al límite su paciencia para aguantar el hambre, empujàndolo luego a dejar de lado los valores tradicionales de convivencia para poder subsistir. En consecuencia, se rompió el equilibrio social que borró la  paz ciudadana que había en las calles.        

La falta de planificación y deficiencia de los servicios públicos por sus tradicionales proveedores provocó que empezaran  a construirse las cisternas y los grandes tanques para el almacenamiento del agua en los techos de las casas,  la instalación de paneles solares, plantas eléctricas e inversores y el auge del negocio de la recogida de la basura por particulares.  Con esto, se experimentaron  los síntomas del deterioro ambiental en que había caído el habitat urbano.   

 Siempre, ante la colectividad, el agua potable, la luz eléctrica y la recogida de la basura, estuvo a cargo del gobierno central y el municipal.  Pero cuando empezaron los eternos problemas políticos y debido a lo que esto degeneró, las autoridades gubernamentales y las edilicias, como suplidores de tan importantes servicios a la ciudadanía, empezaron a ser deficientes.  Fue traumatizante para el habitante urbano, el proceso cruel de buscar la manera de cómo proveerse así mismo, de manera urgente y sin estar preparado para ello, de los elementos bàsicos para poder vivir como siempre lo había hecho.

Lo anterior se produjo en parte como una consecuencia de lo que la dictadura trujillista le dejó a cada individuo, al esta desaparecer:  La carencia absoluta de una conciencia ciudadana sobre sus derechos y deberes como gobernado ante sus gobernantes.  Una ignorancia crasa sobre esa forma de convivencia dejó en la inercia, por demasiado tiempo, al ciudadano en general, para resolver ese tipo de problemas. 

La casta que se apoderó del país durante treinta y un años, marginó a la sociedad de todo tipo de decisiones.  Después del tiranicido, ésta empezó desde cero en muchos órdenes, siendo uno de ellos el de caminar huérfana de instituciones o mecanismos para presionar a los responsables del olvido e indiferencia que había, para que resolvieran los problemas màs perentorios que la afectaba.     

 A mediados del año de 1978, termina la Guerra Fría para la Rep. Dominicana. Las luchas por los derechos políticos negados llegó a su fin, enviàndose al olvido algunas palabras que se habían generalizado en las últimas dos décadas: presos y exiliados políticos. 

Hubo otras que se mantendrían por sus efectos permanentes en el seno del pueblo: pesos inorgànicos e inflación.  Pero hubo una expresión que fue creciendo entre las sombras, ocultada por las luchas políticas, desviada su atención por el horror que producían “las fuerzas incontrolables”.  

 Al disiparse la humareda del terror, se empezó a ver la otra cara de la realidad, la cual se venía ocultando en los círculos gubernamentales: la depredación del erario público.  “Se le puso mucho màs énfasis al desconocimiento de los derechos humanos, que el ser vigilantes del patrimonio nacional”.

Cuando a partir del año 1962, el dominicano empezó a votar, lo hizo esperanzado de que era el camino adecuado para producir los cambios que el país necesitaba; pero una serie de gobernantes que surgieron, los  cuales se dedicaron a sus propios proyectos, se olvidaron de las necesidades màs apremiantes del país. 

Perpetuarse en la presidencia de la república usando los bienes del estado y en darles prebendas a entes políticos y sociales para que los apoyaran en sus deseos de llegar al poder y luego en sus gestiones de gobierno, fueron los puntos principales que desarrollaron durante el trayecto de sus vidas públicas. Sus prioridades nunca fueron las necesidades bàsicas de la mayoría poblacional, donde el cada vez más excaso medio de subsistencia de amplios sectores, la fueron empujando primero a emigrar, luego a delinquir.

Esos gobernantes se rodearon de una élite insensible y de una intelectualidad comprometida, que justificaba y aplaudía la modernidad de cada obra de “varilla y cemento”, porque eran sus beneficiarios en lo económico y en parte también del disfrute de las mismas.  Se le dijo a la población que eso era progreso para el país, el cual se estaba poniendo a la par con las sociedades màs desarrolladas del mundo, sin importarles por esto que cada funda de cemento y libra de varilla de construcción costara más que una vida humana.  Mientras, veían con indiferencia las secuelas del desempleo, junto a la carencia, cada vez màs acentuada, de los servicios necesarios que necesita toda sociedad civilizada: agua potable, electricidad, salud y educación.  

 Vapulearon y echaron a un lado el orden jurídico durante cada cuatrenio de gobierno, reflejando con el “borrón y cuenta nueva” una falta obvia de voluntad para el castigo a los grande culpables, lo cual permitió que la impunidad acrecentara la corrupción gubernamental, la evasión de impuestos y el contrabando, lo que fue generando como consecuencia en parte, un deficit en el presupuesto del estado para enfrentar las necesidades crecientes del país.     

Por años, desde las alturas del poder, le fueron inculcando la idea al ciudadano en general de que el país tenía la suficiente capacidad de pago para obtener préstamos, de que se podían obtener los créditos necesarios para programas de desarrollo sin sufrir por ello ningún percance económico en el porvenir, por lo cual lo fueron endeudando con acreencias que hasta la fecha no han parado y que han hipotecado su futuro. Y eso hubiera sido en parte positivo, si todos esos recursos monetarios se hubieran aplicado para los fines que se solicitaron.  

 Cuando la bonanza del azúcar se evaporó y se dispararon los precios del petróleo a nivel mundial, empezaron los verdaderos problemas para el país.  El tiempo siguió pasando y llegó un momento que a la hora de pagar las dedudas acumuladas, la realidad desdijo las palabrerías que usaron para justificarlas. 

Ya para los primeros meses del año 1984, el deficit fiscal no permitía que el país cumpliera con sus compromisos de pago en el exterior, por lo cual el gobierno de turno tuvo que solicitar ayuda el Fondo Monetario Internacional.  Se acordó un plan económico, y una de las finalidades del mismo fue para que el estado pudiera obtener el suficiente ingreso y cubrir primariamente sus compromisos  externos.

La mayoría de los ciudadanos del país  estaban ajenos a lo que les esperaba.  Fue durante el largo feriado con motivo de la Semana Santa, en los momentos en que la población de las ciudades, en general, se había movilizado hacia los ríos y las playas para disfrutar el tradicional asueto de cada año, cuando el gobierno de turno emitió los decretos para aumentar el precio de una serie de artículos de primera necesidad y de algunos servicios. 

 Es decir, se aumentaban los impuestos para que no colapsara el sistema,  pero quienes iban a cargar pesado con esas medidas, eran los que menos recursos tenían, ya que al sector pudiente las mismas no les afectarían, por lo cual los de abajo iban a ser sacrificados por el bien de todos.  

 Ese lunes, cuando se enteraron de las medidas que iban acentuar su carestía, la reacción de las masas empobrecidas, principalmente la de la ciudad capital, tomó por sorpresa a las autoridades.   

 Los ajustes económicos fueron como un detonante para que explotara la ira a nivel popular. Las consecuencias de los errores cometidos por varios gobiernos, las iban a sufrir aquellos que tenían los ingresos màs bajos.

Centenares se tiraron a las calles a protestar y a cometer asaltos a los comercios, por medio de turbas.  Se tuvo que enviar a los militares para sofocar esa rebelión, produciéndose en consecuencia una masacre sin precedentes, para así seguir preservando el desigual sistema económico.  Por primera vez en el país, los marginados u olvidados y de una manera violenta, daban una señal por el abandono a que estaban sometidos. 

 Pero la hambruna seguió creciendo y trataban de esconder el estado de indigencia del ciudadano.  Un  ejemplo, aquel “muro de la verguenza” que levantaron, el cual ocultaba a los ojos de los visitantes a la imponente obra del Faro a Colón en su inauguración, el desagradable espectàculo visiual del barrio colindante. 

Esa situación de contraste ha seguido imperando año tras año.  Se ha visto, de manera palpable, la insensibilidad que demuestran hacia los sectores màs necesitados de la sociedad, los que tradicionalmente han administrado las rentas del estado. 

 El 4 de mayo del año 2005, aparecieron en la portada del periódico el Listín Diario dos artículos, que seguían confirmando hacia dónde seguiría el país, por las señales que daban las autoridades de turno a sus prioridades.  En uno decía que en el Liceo Haras Nacionales, en Villa Mella, habían aulas de cartón y faltaban butacas.  En el otro repetían una expresión del presidente de la Suprema Corte de Justicia, refiriéndose al local que estaban estrenando los jueces de ese poder del estado:  “En todos los alrededores de América Latina, no hay un palacio que aloje a la justicia que supere al dominicano ”, decía.  Solamente el edificio costó màs de mil millones de pesos, aparte de que para la decoración se gastó màs de un centenar de los mismos.

Por décadas, el gasto social se ha quedado muy por debajo de lo que en verdad debería ser.  Se formulan presupuestos que nunca se cumplen, porque se traspasan grandes recursos de los mismos para ser manejados directamente por el Poder Ejecutivo y así cumplir sus compromisos políticos. 

 Se sustraen recursos destinados a conjurar las verdaderas necesidades nacionales, para dedicarlos a comprar voluntades electorales y devolverle el favor a través de contratos de grado a grado para las ejecuciones de obras públicas, a los que le dieron los recursos para sus campañas políticas.

 Si se compara el volumen de lo disponible con lo gastado,  la inversión en la educación ha sido muy irrisoria, por lo cual el analfabetismo ha ido creciendo de manera alarmante. También, por el creciente abandono de los hospitales públicos, se pronostica un futuro no muy halagador para los sectores que carecen de medios económicos.  Si se le agrega el creciente desempleo a lo anterior, veremos a una masa de hombres y mujeres creciendo en la indigencia, convirtiéndose en un potencial peligro para  toda la sociedad.  De esto ya hay señales alarmantes.  

Ha sido una demogogia rampante las famosas ayudas gubernamentales, consistente en dar pequeñas cantidades de dinero y fundas de alimentos en ciertos momentos, que lo que buscan es crear lealtades políticas y votos electorales, pero que siguen acostumbrando al ciudadano al “dao”, ese círculo vicioso de recibir sin producir, en vez de crear facilidades a la gente, para ponerla en condiciones de integrarla al sector productivo, invirtiendo en su educación y en la salud pública.

 Las carencias insatisfechas de un sector social, por olvido e indiferencia,  mantienen, en parte, el auge del índice delictivo, principalmente en las calles.  Por eso se ha visto desde años, como casi a diario mueren supuestos delincuentes en “intercambios de disparos” con agentes policiales.  Se han comprobado casos de que fueron últimados cuando estaban apresados.  El crimen y la tortura desde hace tiempo son los mecanismos disponibles que tienen los gendarmes para proteger a la sociedad. 

 Por lo que se ve, ya los agentes policiales no traducen a la justicia; la toman por sus propias manos, convirtiéndose, de paso, en jueces y verdugos.  Por momentos, esto va aumentando; luego decrece, pero se mantiene. Para el año 2004, se produce una estadística alarmante; hubo un promedio de un muerto por día.  Y son los que estàn pasando por un estado de miserias, pagando con sus vidas el querer revertir con actos delicuenciales que ya tienen con gran fastidio al ciudadano en general, lo injusto del reparto del botín gubernamental, que es en lo que han convertido las arcas del estado los dirigentes políticos que llegan al poder.

Los que han sido víctimas de actos delictivos o tienen algo que perder, aplauden y apoyan esas acciones.  Los que no tienen nada o nunca lo han tenido, los que ya no tienen la esperanza de una vida mejor, son los que estàn muriendo con esos fusilamientos.   

 Pero la realidad de lo anterior es que el método no va a parar el cada vez màs alto índice delicuencial que vive el país.  La pobreza siempre ha existido en todas las sociedades, pero cuando esta tiende a generalizarse por el desajuste del sistema; el hambre, como una de sus secuelas, pone en peligro el bienestar de todos cuando desaparece la esperanza de disminuirla.

Es un problema de olvido e indiferencia hacia un sector de la sociedad, ya tradicional por parte de quienes tienen un compromiso económico con la colectiviad en general, no solamente con grupos o elites; son los gobiernos de turno, esos que administran el patrimonio de todos. 

Si no se cambia el rumbo y se le pone más atención a la clase menos pudiente del país, los actos delictivos en las calles seguiràn en aumento y también la cantidad de muertos a manos de los agentes del orden público.

 Cuando el país disfruta de una estabilidad macroeconómica, lo cual permite un crecimiento del producto interno bruto, esto jamàs se refleja en la capa baja de la población, porque ese supuesto bienestar se queda en la cima, entre los sectores pudientes.  Entonces, con crisis y sin crisis económica, la sociedad en general nunca se beneficia adecuadamente, por lo cual el sistema no està funcionando y sí poniendo en peligro el bienestar colectivo.     

En otro orden, en el sentido propio de los que estàn arriba, pero debido a la obtención de fortunas de la noche a la mañana, originadas por el peculado estatal, el narcotràfico, lavado de dinero proveniente de  negocios turbios, de quiebras inducidas a instituciones financieras por los ejecutivos de las mismas; el de actividades provenientes del juego de azar institucionalizado, que saca de sus bolsillos los pocos pesos que tiene un trabajador para comer, junto a la usura en sus diferentes facetas, se ha ido generando una cadena de males que ha trastocado una serie de valores, que por lo arraigado y profundo ha desestabilizado a casi toda la sociedad. 

 “El que tiene dinero, aunque sea mal habido, no lo alcanza la justicia.”   “Para vivir bien no hace falta estudiar.” Esa manera de pensar de los de abajo, por lo que estos estàn viendo suceder con los que estàn en un  peldaño social más alto, por lo enumerado anteriormente, principalmente, ha estimulado el que ellos también hagan lo mismo, pero a otro nivel, o sea, en las calles.

Los sectores pudientes, señalados anteriormente, muestran una riqueza ostentosa en un ambiente consumista al igual que el de los desarrollados, en un país, donde la pobreza se ha estado generalizando, y que ha ido tentando la mansedumbre tradicional del marginado económico. 

 Las dàdivas representadas por las “funditas”, esas ayudas de origen gubernamental, queriendo paliar una realidad que ya todos sabían, no ha podido contener lo que ha sido como una llamada de atención, una demanda de justicia social, representada por la señal inequívoca del incremento de la delicuencia en las ciudades.  El aumento de la pobreza denigrante es de donde ha fluido la violencia delictiva y algunas de sus facetas en el seno familiar. 

El grado de descomposición es de una manera tal que el alcoholismo y la prostitución, padecimientos que la sociedad siempre toleró y mantuvo con un bajo perfil, se fueron  convirtiendo en un juego de niños con la aparición y el auge de nuevos males en el ámbito social: el narcotràfico y la adicción a las drogas.  Los dominicanos, en mayoría general, no han podido conseguir el bienestar de los países ricos, pero si algunas de sus peores lacras.

 Otra víctima del estado de cosas es el cuerpo encargado del orden y de supuestamente prevenir el delito, el cual ha sido presa fàcil de lo que ya se està viviendo en el país. 

 Con sus viejos métodos para proteger a la sociedad, carentes de las  herramientas para prevenir y combatir la delincuencia y el crimen, se ignoró que sus miembros formaban parte del ambiente empobrecido de un sistema que ya no se ocupa ni siquiera de sus mismos servidores.  Han llegado momentos en que la ciudadanía no ha podido distinguir quien es el policía o el delincuente, porque ambos andan armados cometiendo las mismas fechorías.

 Ante tal situación, cada quien ha tenido que protegerse a si mismo y el entorno familiar, poniendo rejas en las casas, altos muros, sistemas de alarmas, vigilantes privados y portando armas de fuego, legal o ilegalmente.

 Lo patético se ha convertido en lo cotidiano.  Agentes policiales alquilando sus armas de reglamento a personas que se dedican a cometer atracos, amparadas en las mismas.   O lo que se ha visto en algunas escuelas públicas y colegios privados, al requizar las pertenencias de los estudiantes en la busqueda, principalmente, de drogas, donde para sorpresa, en vez de éstas, se encuentran con armas blancas.   En su mayoría, la portaban jovencitas para protegerse de posibles asaltantes en las calles. 

 Hubo un régimen que se mantuvo durante màs de treinta años.  Al terminar,  dejó al irse medulares problemas, pero al éste desaparecer no hubo una ruptura con ese pasado, quedàndose vigentes figuras y métodos; la “Era de Trujillo” siguió su curso.

 Eso provocó el que un pueblo traumatizado no tuviera la terapia adecuada para exorcizar de su mente tantos males heredados. En el futuro, junto a otros factores, esto impidió una renovación humana de dirigentes capaces de ayudar a transformar las instituciones que componen al Estado, verdaderos lastres creados durante la tiranía trujillista para el beneficio de esa familia y sus allegados.     

Una problema que se està viviendo y no se le está prestando la debida atención, tratàndose con la habitual indiferencia, comosi no fuera un problema nacional, es el energético, que ya tiene varias décadas y sigue en auge.

Una vez el azúcar fue el principal productor de divisas; luego lo fue el oro.  Hoy en día son el turismo y las remesas del dominicano que vive en el exterior.  Pero, no hay petróleo.  Su precio, cada vez màs alto, hace que se vuelquen en ese renglón en una proporción alarmante, la mayor parte de las divisas que le ingresan al país por diversas vías.   Esto ha debido inducir a los gobiernos a ser cautos, en cuanto a dónde van a dirigir los recursos de que dispone el estado para sus necesidades, de buscar otras alternativas energéticas para la producción de la electricidad; el de crear una conciencia ciudadana persistente de lo que significa y cuesta el combustible.  Pero la pràctica gubernamental tradicional en cuanto a lo numerado anteriormente, ha sido muy diferente.

No hay una continuidad de políticas establecidas.  Cada cuatro años el país empieza de cero.  Cada gobierno regresa al mismo punto de partida del anterior.   Algunas de las cosas positivas que se originan en un cuatrenio, no se terminan en el otro.  Resulta imposible planificar para hacerlo todo antes del final de cada mandato constitucional.  El sistema establecido no està funcionando. De esa manera, jamàs traerà un beneficio colectivo. 

 Un efecto del olvido, una consecuencia de la indiferencia, se palpa y se vive de frente hoy en día en el ambiente en que se desarrollaron los relatos de La Fonda.  En medio de la voràgine de los acontecimientos que se fueron produciendo en el país, el entorno de aquel negocio de venta de comidas y alojamiento, poco a poco, fue cambiando.

En ese sector, a mediados de la década de los años cincuenta del siglo pasado, la actividad comercial fue decreciendo, debido a que se dio apertura a una nueva terminal para la llegada de los camiones que venían del interior del país, en la zona denominada Villas Agrícolas, localizada al final de la avenida Duarte. 

El desvío hacia ese sitio de los vehículos que tradicionalmente iban a parar al Mercado Modelo, le quitó rentabilidad a la mayoría de los negocios que habían en ese antiguo hospedaje.  

 También fueron tomando diferentes caminos esas mujeres que llegaban de sus pueblos a ganarse la vida como sirvientas en alguna que otra casa de familia o en una fonda.   La última parada de las guaguas de la esperanza, el Mercado Modelo, dejó de ser para ellas, con el paso de los años, el punto de referencia para ganarse el sustento;  unas tomaron el destino emigratorio y otras empezaron décadas después a obtener empleos en las llamadas zonas francas.

 Por razones de salud, la Doña dejó en manos de Bernarda, su fiel empleada, aquel ya decadente negocio de venta de comidas y alojamiento. Esta, a su vez, cuando muere, se lo deja a una hija, quien con el paso del tiempo se “amanceba” con un emigrante haitiano. Con él procreó varios hijos, a los cuales veía de vez en cuando, al pasar de visita por ese lugar, corretear en los mismos espacios que yo una vez ocupé en mi niñez junto a mis hermanos y hermanas.      

 Aquellos cuartuchos de la fonda para caminantes casuales, esos refugios temporales del cansancio de una noche, donde en uno de ellos José el mocano enseñó las marcas que dejó en su cuerpo la tiranía trujillista, y  yo grabé de por siempre en mis pensamientos el reflejo del trauma màs impactante que dejó la misma, se convirtieron en la residencia permanente de los nuevos pobladores del lugar.  

Y el Bar Ocoeño, aquel oasis de diversión en la frontera de cada noche moribunda, donde mariposas vestidas de seda gastaban sus vidas en amaneceres inciertos ante la presencia manipuladora del “chulo” de turno, reflejo impactante de sus miserias, no pudo resistirse a las veleidades del tiempo, dejando solamente en el recuerdo de quienes lo conocieron su típica vida nocturna.  

 Los años siguieron llevàndose de paso lo que parecían estorbos de una realidad que se imponía.  De la parte trasera del Mercado Modelo de la avenida Mella, desapareció aquel local cuyas paredes una vez destilaron los aromas de los espíritus de la tierra, de aquella fonda que por màs de cuarenta años en su interioridad, manos habilidosas se esmeraron en darle el sazón tradicional de las comidas campestres al menú ofertado, en un ritual que empezaba con el cantar de los gallos desde los patios y traspatios, en una época, donde aquel pedazo de ciudad aún respiraba su característica de aldea rural. 

 Hoy, ese ambiente vive una realidad consecuencial de uno de los síntomas del precio que se paga por el olvido.  El rostro de ese lugar, donde espíritus indomables siguen afanando por la subsistencia, fue maquillado por el tiempo, reflejàndole la fisonomía de una verdad que ya se estaba viviendo en el àmbito dominicano.  En un intervalo de pocos años, la plazoleta del Mercado Modelo, esa extensa explanada ocupada por las jaulas de los polleros, en todo su alrededor y un poco màs allà, se convirtió en la “Pequeña Haití”.

 Cuando a finales de 1961 desparecieron las ataduras burocràticas de la dictadura que impedían viajar libremente, los marginados económicos de la sociedad empezaron a darle su respuesta a un estado que hacía tiempo los tenía en el olvido.  La falta de empleos para cubrir sus necesidades primarias obligó a una gran horda migratoria dirigir sus pasos hacia la isla de Puerto Rico, dàndose inicio con esto al exilio por la supervivencia. 

 El gran escape había empezado y ya nada ni nadie lo iba a parar; las sucesivas convulsiones políticas trajeron graves consecuencias sociales y económicas, las causas principales del dominicano querer salir de su país.     

A partir de 1965, esa ola emigratoria tomó otro rumbo y se dirigió hacia  la ciudad de Nueva York.   En la década de los años setenta, ese empuje llegaría a Venezuela y luego a España, países que con otros europeos sentirían la llegada de quienes en su patria empezaron a ser llamados los “dominicanos ausentes.”  Y paradoja de la vida, con el paso del tiempo, esa gran masa de exilidados económicos, con el sudor de su trabajo en el exterior, ha servido de ayuda para mantener a flote la economía del lugar en que nacieron, con los dólares de sus remesas a los familiares que se quedaron.

La situación desesperante de las personas que se arriesgan a morir en el Canal de la Mona, con la esperanza de que si emigran dejarían de pasar hambre, junto a la estabilidad económica que muestran los que han logrado salir del solar patrio, ha dado auge al negocio de las yolas.  Históricamente es una tendencia natural de los pueblos de moverse hacia los espacios donde pueden conseguir el sustento que ya no obtienen en su lugar de origen. 

El incremento del exilio económico del dominicano ha seguido siendo una respuesta en parte,  a los efectos que produce el gastar los recursos del estado en actividades que no corresponden a las necesidades bàsicas de la población en general. Ya para el el año 2000, una encuesta hecha por la firma Rumbo-Gallup, publicada el 17 de abril de ese mismo año, indicaba que el 60% de la población estaba dispuesta a irse del país si pudiera.  Algo andaba mal, y esa era una señal inequívoca.

La emigración legal o ilegal del dominicano, que ya se calcula ha producido la salida del país de alrededor de un millón de ellos, le ha estado quitando presión al sistema, impidiendo consecuente y momentàneamente, no se sabe hasta cuándo, un estallido social de grandes proporciones.   Pero al mismo tiempo, se ha ido gestando un grave problema social, debido a lo económico, que por la situación política imperante desde años, ha ido creciendo.

Los problemas políticos y económicos de la vecina república de Haití, mucho màs pronunciados que los del pueblo dominicano, motivó a sus ciudadanos a buscar en la tierra colindante lo que le negaba la propia.  En la mayoría de las ocasiones, lo han estado haciendo, en parte, con la complicidad de las autoridades militares que custodian la frontera, quienes por decenios se han lucrado con ese negocio de pases sin ningún tipo de control.  Marejada de seres humanos, sedientos de un cambio en sus vidas, han estado haciendo lo mismo que su vecino: emigrar.  

 Ya para 1978, había una gran cantidad de niños nacidos en el país de padres haitianos o de ambas nacionalidades, que a penas balbuceaban la lengua de la tierra que acogió a su progenitores.  Estaban creciendo silvestres, carentes de registros de nacimiento y apartados del sistema educativo del país.  Una crisis de identidad ya se palpaba, lo cual traería otras, como la existencial y la cultural.  

Lo anterior, en su momento, estímuló expresiones racistas, al no comprenderse la raíz del problema. Nadie se preocupaba de analizar, en su momento, sus causas y posibles soluciones, y se ha producido una nueva generación de dominicanos que ya estàn siendo  marginados en su propio lugar de nacimiento, por viejas creencias y anticuadas instituciones que se dejaron en el atraso, impotentes para responder debidamente a esta nueva clase ciudadanos. 

Mientras el dominicano ha ido dejando su espacio para buscar en otro lo que le es prohibido conseguir en su lugar habitual, el ciudadano hatiano lo ha ido ocupando con la misma esperanza.  La estampida de los hijos de quisqueya hacia el exterior fue dejando en manos de su vecino histórico el habitat que desdeñaban, como por igual los empleos y actividades que ya no daban satisfación económica alguna.

 Por toda la geografía nacional, los sembradíos en la zona rural y el obrero de las construcciones han tenido que auxiliarse del hombre de la nacionalidad haitiana, por la disponibilidad abundante de esa mano de obra y por el bajo costo que implica el tenerlo en una nómina de producción.  Equivale a decir que intereses de parte y parte han contribuido al asentamiento de una gran masa de emigrantes, que busca satisfacer sus necesidades en el ambiente que sus tradicionales pobladores han ido abandonando al sentir que va a la deriva. 

 Mientras eso ha sucedido a la vista de todos, los protagonistas sociales, aquellos líderes políticos y económicos que siempre han manejeado el país, siguen con su mirada e interéses en otros asuntos.   El olvido e indiferencia en sus diferentes facetas, sus consecuencias, es lo que está viviendo el pueblo dominicano.  

 Cuando empezaron los primeros síntomas del deterioro físico urbano y el de un estado carente de instituciones eficientes y con credibilidad, la ciudadanía siempre creyó que eran cosas pasajeras, situaciones que con un cambio de gobierno se arreglarían

 Por eso, la presidencia de la república a llegado a convertirse en el premio que da un pueblo a quien lo convenza de que en cuatro años les va a erradicar todos sus males, dando esto vigencia, al decir de que “la esperanza es lo último que se pierde”.   De cada proceso, la gente espera que surja una especie de mesías, porque se dice a sí mismo: “Esta vez si gana fulanito, el país se va arreglar”.  

 Pero el tiempo ha ido pasando, donde se nota una creciente apatía electoral ante el cansancio que produce usar el voto como herramienta de cambio, porque las opciones que se presentan llevan siempre al mismo camino.  Un cargo público es un compromiso ante la colectivad.  Quienes salen electos o son nombrados, creen que es un premio a la persona para el disfrute.  

Todo eso,  ante la creciente hambruna de un pueblo que va muriendo a diario como bocado de tiburones en el Canal de la Mona, por la falta de medicinas y atenciones hospitalarias, como también tratando desde las calles por medio de la violencia delictiva, cambiar su desesperante estado económico.          

 

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