La historia està ahí, solo hay que recordarla… La Batalla del Puente. -1965- (20)

 

Del  libro  “La Fonda”.       

ESE  AIRE  EMBRIAGANTE  CON AROMA  NACIONALISTA.

24 de Abril del 1965

 

  “No pudimos vencer, pero tampoco  pudimos ser vencidos.  La verdad auspiciada  por       nuestra causa fue la mayor  fuerza  y  el mayor  aliento  para  resistir.”  

Parte de la alocución del Coronel Caamaño el 3 de Septiembre del 1965 en la Plaza de la Constitución.

Durante la tiranía, los conceptos de soberanía y defensa nacional estaban supeditados a las  necesidades del régimen; por lo cual, entre la mayoría de los jerarcas militares no había  un  concepto claro de lo que en verdad significaban.  Y si lo había sobre ello, algunos lo ante pusieron a sus intereses personales.  Esto se aprecia claramente a partir del 24 de abril del año 1965, cuando los mismos se dividen y enfrentan.  Un grupo, al verse perdido en la lucha que libraba, pide como tabla de salvación una invasión extranjera.  Otra consecuencia directa del golpe de estado del 25 de septiembre de 1963, y cuarto gran cambio motivado por la Guerra Fría, que lastima enormemente la vida de los dominicanos. 

Unos piden la vuelta de la constitucionalidad; quieren el retorno del presidente depuesto.  Los otros mantienen su postura de rechazo, porque dicen que es comunista y acusan de estar manipulados por ellos a quienes lo apoyan. 

 Pero la realidad fue que utilizaron dos veces como excusa el término de comunista para esconder sus verdaderos propósitos y hacer lo que hizieron.  La primera vez fue cuando dieron el golpe de estado el 25 de sept. del año 1963, en donde fueron títeres manipulados por los gendarmes del norte, siguiendo sus directrices.  Y la segunda, para pedir el envío de tropas extranjeras y salvarse de la derrota que ya veían vislumbrarse en el camino que habían tomado. 

  

                                             LA  BATALLA  DEL  PUENTE

El puente Duarte que cruza el río Ozama, ubicado en la ciudad capital, jugó un importante punto de referencia para definir de que lado en un principio se perfilaba la victoria, en la guerra civil que luego se desató debido las discrepancias militares. Una parte de la ciudadanía durante la contienda bélica, dio su apoyo con las armas a los que pedían la reposición del presidente que había sido enviado al exilio.     

 Esa vía de comunicación era la única por donde los militares acantonados en la base de la Fuerza Aérea, en el poblado de San Isidro, sector que inmediatamente se opuso al grupo que intentaba reponer el orden constitucional, podrían entrar con rapidez al centro de la capital, que era donde estaba el bastión de los uniformados que se habían rebelados y parte del pueblo que los apoyaba.

Debido a eso, desde el día 26 de abril, en la cabezera del puente en su parte occidental y por los alrededores, se fueron congregando militares Constitucionalistas y hombres del pueblo, preparando la defensa en espera de los tanques del Centro de Enseñanzas de las Fuerzas Armadas, conocidas por las siglas del C.E.F.A., y de la infantería que los acompañaría. Ese mismo día, antes del asedio por tierra, aviones de la Fuerza Aérea empezaron a soltar sus bombas y ametrallar a la multitud que estaba congregada en ese lugar. 

 En la parte baja de la ciudad, jóvenes subidos en las azoteas de las casas aguardaban su oportunidad para entrar en acción.  Tenían preparadas bombas caseras del tipo molotov, para tiràrselas  a los tanques a su paso por las calles, en caso de que estos rompieran la defensa del puente.     Pero se quedaron esperando.

  La embestida inicial del CEFA logró romper el cerco que había en el puente.  Los tanques empezaron a cruzar junto a los soldados, pero no pudieron superar las calles aledañas, en donde los militares Constitucionalistas, junto a los ciudadanos que se les habían unido, le impidieron seguir el paso.   Fue dura y cruel la batalla.  Cada casa, todo pedazo de esfalto, los recodos o esquinas de ese entorno urbano, sirvió de escenografía para esa encarnizada lucha.

  Pasan las horas y el combate se prolonga, ningún contendiente logra avanzar en sus posiciones.  Aquel pedazo de ciudad se convierte en algo infernal.  Al otro día, el 27 de abril, es cuando el Coronel Caamaño se integra a la misma con sus seguidores.  Le da dirección combativa al encuentro y estímulo a los hombres que habían sobrevivido hasta ese momento. Ya al anochecer, había finalizado la batalla.  La infantería de los del bando de San Isidro tuvo que replegarse, dejando en la retirada tanques destruidos y otros que le fueron tomados como botín de guerra. 

 Decenas de muertos y cientos de heridos, representando a los dos bandos en pugna, reflejaban la  triste nota de un pueblo dividido en un momento que luego sería histórico, porque al día siguiente, el 28 de abril, se produciría la segunda invasión norteamericana al país durante el siglo veinte.

 

                 

 

 

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