El Secreto de José. -Mayo 1960- (9)

En la Rep. Dominicana, la hazaña de la toma del poder por Fidel Castro y sus seguidores en Cuba y la invasión del 14 de junio de 1959, apoyada por éste desde territorio cubano, se adueñan del pensamiento  de  la  “Generación del Silencio”, de esa juventud que solamente había conocido el estado policíaco en la cual nació y creció.    

 Tales eventos sirvieron como detonante para que un grupo de ellos se sintiera motivado a romper la mordaza.  En respuesta, el régimen desata una represión bestial, lo que  trajo un mayor descontento en un sector de la población y en la llamada “sociedad trujillista”, porque fueron algunos de sus hijos los apresados, quienes ingresaron a las càrceles y centros de torturas.  Esos hechos también originan que el régimen pierda a uno de sus más importantes aliados hasta ese momento: la iglesia católica. 

Cuando fracasa militarmente la invasión de los exiliados dominicanos que empezó el 14 de junio de 1959, esta motiva a un grupo de jóvenes a organizarse y crear un frente para acabar con la dictadura.  Saben que tienen un apoyo en los líderes cubanos, quienes brindaron su ayuda a dicha incursión armada.  Ademàs, son sus héroes del momento y sienten que la Revolución Cubana es el camino a seguir. 

Pero su trabajo clandestino es descubierto y la mayoría son apresados, torturados y algunos eliminados físicamente.  La iglesia católica, un tradicional aliado del régimen, trata de interceder; pero no es bien acogida su forma de petición y esto provoca un rompimiento.

En la época que el general Trujillo toma el poder, uno de los sectores sociales que màs influencia tenía sobre la población fue atraida por este, otorgàndole a todo lo largo del régimen una serie de beneficios económicos y ciertos privilegios.  La iglesia católica representó, durante los años dictatoriales, una importante base de apoyo para el mantenimiento de la  misma.

Una carta que se hizo pública motivó el rompimiento de dicha alianza.  Motivó la discordia una misiva pastoral, preparada con la anuencia de la mayoría de los obispos y leída en todos los templos un domingo en el mes de enero del año 1960, pidiendo clemencia por los jóvenes del“14 de Junio”.   Ya un grupo de ellos, cuyo movimiento clandestino había sido descubierto y estaban siendo perseguidos por todo el país, llenaban las càrceles y padecían en los centros de torturas.  Estos pusieron a temblar la estructura del poder trujillista, por la gran cantidad de adeptos reclutados en tan poco tiempo y por los familiares cercanos a funcionarios leales al “jefe” que había entre los implicados.

   

                                                EL  SECRETO  DE  JOSÉ

Bernarda era la empleada de mayor edad y con más tiempo laborando en la fonda.  Todos la conocían y ella los conocía a casi todos.  De entre tantos clientes hubo uno a quien ella siempre saludaba con mucho afecto y distinguía, cada vez que este venía desde la ciudad de Moca con su camión cargado de yucas y plátanos.  Entre ambos, él un muchacho joven y ella una señora que le doblaba la edad, había como una empatía de madre a hijo o viceversa.

Hubo un día, cuando esa persona llegó, que ella dejó enseguida lo que estaba haciendo para ir a su encuentro.  En ese momento yo estaba cerca y la escuché decir las siguientes palabras:

      -José, cuídate.  Me han dicho que tienes ahora muchos  enemigos. 

        Dime, ¿qué fue lo que pasó?

 Él tenía varios meses que no viajaba a la ciudad capital, y físicamente se le notaba distinto.  Estuvo preso por motivaciones políticas y se había corrido la voz de que había denunciado a familiares y amigos para él poder salir libre.

En este punto hacemos un preàmbulo en el relato, para hablar sobre una particularidad que tenían las habitaciones para huéspedes de la fonda. 

Debido a ciertas ocurrencias de las trabajadoras por las características de algunas de ellas, estas eran señaladas por ciertos atributos en vez de un número como lo hacían en lugares parecidos.  Con el tiempo se hizo una costumbre mencionarlas por esos nombres, bien merecidos por cierto, al hablar de esos cuartuchos.  

 Por ejemplo, había una llamada “El rincón de Gerardo”.  Precisamente, era la última de una hilera y quedaba pared con pared con la vivienda vecina.  Siempre la alquilaba de lunes a viernes un trabajador del mercado con ese nombre, que luego la desocupaba los fines de semana cuando se iba a  descansar a su pueblo.

 “La ratonera” era otra habitación, que como su nombre lo indica, era el boulevard de esos roedores.  “La habitación de María” debía su nombre a una trabajadora de la fonda, la cual se había amancebado con el chofer de un camión, y siempre le mantenía muy limpio el cuarto en los días que este se quedaba descansando en la ciudad.  

 Después de la pregunta, José no le respondió; y lo miraba fíjamente, como esperando alguna respuesta.  Al parecer esa interrogante agarró desprevenido al joven; por un rato se quedó sin habla.

Cuando se decidió hablar, este le hizo una seña a Bernarda para que se dirigieran hacia una de las habitaciones del negocio. 

 Al poco rato, cuando ésta sale de “La estrechita”, nombrada así porque era la màs pequeña de todas, llevaba en el semblante de su rostro una expresión que yo jamás olvidaría. 

 Meses después, cuando me enteré de los detalles de ese encuentro, comprendí su significado: José le mostró su torso desnudo, explicàndole de paso los pormenores de lo que le había sucedido.  Y ella, al ver tantas marcas horribles en sus carnes y escuchar a la vez el procedimiento utilizado para torturarlo, quedó horrorizada. 

 Conocer el secreto de José le produjo tal conmoción, que por largo tiempo, se le vió triste y como ausente de todo.

 Cuando se descubrió el movimiento clandestino 14 de Junio, por todo el país fueron apresando a sus integrantes.  José había participado en varias reuniones, fue detenido y llevado a “La 40″, un centro de torturas controlado por el Servicio de Inteligencia Militar.

 En ese lugar, según los que sobrevivieron a su estadía, decían que la muerte era un alivio.  José, al no poder seguir soportando el dolor por los continuos tormentos a los que era sometido, dijo finalmente a sus verdugos lo que deseaban saber: los nombres de las personas que asistieron con él a las reuniones clandestinas. 

 

                                                          

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s