El Adoctrinamiento. (11)

La Fonda es un libro de anàlisis, y los relatos,  son hechos verídicos que avalan gran parte de las exposiciones.  Y trata como tema central el aspecto sicológico de la dictadura de Rafael Trujillo y sus secuaces.  Es un enfoque distinto a un tema tan desmenusado en otros aspectos. 

El miedo, el adoctrinamiento y la ignorancia, peldaños de una estructura que envuelven el pensamiento, de las cuales se auxilió el regimen trujillista, nos dan una visión  de como fue modificada la conducta ciudadana para servir a los requerimientos del sistema que fue implantado a partir del año 1930 en la Rep. Dominicana.

Los relatos, mis vivencias de aquella época, recogen en gran parte la  forma horripilante en el aspecto sicológico, de como se puso a vivir a un pueblo; en lo que se convirtió la confabulación de las élites sociales de la década del 20 del siglo pasado, buscando lo que ellos llamaban: el hombre fuerte.

En el relato anterior hemos analizado el miedo y de como influyó en la manera de interactuar en los ciudadanos.  En esta parte trataremos acerca del adoctrinamiento, de como empezó y los medios que se utilizaron para manipular al conglomerado social que componía el pueblo dominicano.

 

                                              EL ADOCTRINAMIENTO 

 Enseñar para se diga o se haga una cosa, se llama adoctrinar.  El adoctrinamiento se originó con el surgimiento de las religiones, pero su uso se ha extendido en las sociedades  para el dominio de ella  por quienes detentan el poder.

  “ El adoctrinar se usa, en sentido negativo, para significar la enseñanza rígida de ideas o doctrinas sin evaluación crítica ni racional o discusión alguna.”

 Llega un momento en que el supuesto adoctrinado, puede no estar de acuerdo por convencimiento propio, de lo que dice o hace de manera dirigida.  Entonces lo ejecuta motivado por dos cosas: el miedo o la conveniencia, como en el caso de la dictadura que tratamos.  Miedo por las represalias que puede recibir si no hace lo que se espera; o conveniencia, por lo beneficios que puede obtener si hace lo que se le indica.

En el régimen trujillista, el adoctrinamiento podía ser directo, como el que había en las escuelas públicas, dirigido específicamente a ese sector de la juventud.

También indirecto, para todos los segmentos de la población, por medio de mensajes sistemàticos por la radio, los periódicos y en  actos públicos de la vida cotidiana, donde entraban en juego los símbolos, con la imagen de quien ya todos conocían , junto al de sus familiares.

Las estatuas, los bustos, el papel moneda, portadas de los cuadernos escolares y sellos postales fueron  medios utilizados, en parte, para impregnarle a la mente ciudadana la idea, de a quien era que se debía todo lo grandioso que tenía el país.

A todo lo largo del período en que el dictador gobernó, por petición del mismo, ingresan al barco de la dictadura intelectuales y profesionales de diversas ramas del saber.  Y atraídos por los beneficios económicos que el régimen le fue otorgando a sus  jerarcas eclesiàsticos, la iglesia católica también se unió a su base de sustentación. 

Hubo un tanto de conveniencia por parte de los que se integraron a la tripulación de la nave del estado.  El resultado: una mayoría preponderante  de la sociedad se convierte en toda una masa dócil y complaciente con el capitàn que la dirige, la cual se beneficia a cambio colaborar y cerrar los ojos ante los atropellos que este, sus familiares y parte de sus allegados cometían. 

Los que se resistieron a su llamado y le dijeron no a su ofrecimiento, porque no iba con sus principios relacionarse con quien ya consideraban era un perjuicio para el país, tuvieron que salir del mismo o sufrir el aislamiento interno al quedarse, padeciendo estos toda clase de humillaciones y algunos hasta la muerte.  Esta situación obligó luego a unos cuantos, por temor, a reconsiderar su primera decisión, aceptando  un puesto en la administración pública y colaborar para poder subsistir.  Muy  pocos escaparon a la maquinaria trujillista, pues quienes no se dejaban utilizar cuando ella requería de sus servicios, eran moral y hasta físicamente despedazados por la misma.

Un grupo de los que aceptaron el ofrecimiento se conviertieron luego en los funcionarios e intelectuales al servicio del gobierno, encargados del segundo factor de control, el adoctrinamiento.  Empezaron a pregonar ciertos rasgos de un súper hombre que supuestamente tenía el “Generalísimo”, atribuyéndole, ademàs, virtudes rayando en la divinidad. 

Este brazo ilustrado de la dictadura fue el que convirtió el sistema educativo público en sus niveles primario, intermedio y secundario, en un instrumento de dominación a través de la enseñanza. El régimen volcó grandes recursos económicos en el sector.  Se produjo una estadística impresionante entre 1931 y 1941;  se establecieron  alrededor de cinco mil de esos centros.  Esto así, porque facilitó mantener a la mayor parte de la juventud del país adherida a los requerimientos del sistema implantado.  

Bajo ese plan, los intelectuales al servicio de Trujillo, en su perseverante adoctrinamiento, acomodaron a los intereses del régimen al cual servían, varios de los eventos que dieron origen a la república y el surgir de la nacionalidad dominicana, mostrando algunos a la luz pública u opacando otros.  Esos acontecimientos incompletos hoy en día, no muestran a cabalidad el proceso independentista y los pormenores de sus causas.

Por eso vemos como los libros fueron adornados con verdades tegiversadas y con el pensamiento de los grupos tradicionales que dominaron el país desde cuando era una colonia, plagados de sus prejucios y visiones de una otrora realidad, pero que coincidian y ayudaban al fortalecimiento de la dictadura, los cuales fueron asimilados por no se sabe cuantas generaciones. 

Los centros públicos de enseñanzas  parecían cuarteles militares, en donde se imponía una disciplina casi a corde con los mismos.  Los estudiantes, uniformados con el color kaki, gorros del mismo color y corbatas negras, eran entrenados en marchas militares, para luego ser exibidos con vistosos uniformes costeados por los padres de los alumnos, lo cual era obligatorio en los grandes desfiles que cada año y por diversos motivos organizaba la poderosa maquinaria doctrinaria del régimen.

También esos centros docentes eran los escenarios donde se exaltaban pasajes fabricados de la “vida  ejemplar” del “Jefe” y su sagrada familia, moldeando con arengas ante visibles efigies y retratos de quien todo lo controlaba, la voluntad de la juventud presente.

Cuando en el año de 1936, se da el cambio de nombre de la ciudad capital del país, el histórico Santo Domingo de Gúzman, para ponerle Ciudad Trujillo, a partir de ahí, cada vez que se abría una pàgina en los cuadernos escolares para tomar un dictado, el encabezado empezaba diciendo:  Ciudad Trujillo… 

Al calendario le señalaron una fecha muy especial, junto a las recordaciones patrias y al de las tradiciones religiosas católicas. Esa fue la del natalicio de Rafael Trujillo cada 24 de octubre. Miles de composiciones escolares se hacían cada año en los centros de enseñanza pública, hablando de lo que había significado de positivo para el pueblo dominicano ese nacimiento.  

Con esa herramienta de control bajo su dominio, el régimen  empezó la dominación del pensamiento de la sociedad. Desde las aulas escolares los  màs jóvenes empezaron  a aprender  la historia acomodada y la lecciones de obediencia y lealtad a Trujillo. 

De paso, mantenían a la población en general dedicada al culto de la figura. O bien,  obligando,  en consecuencia,  a cada ciudadano mantener en su hogar un retrato con la imagen del que ya habían convertido en casi un Dios. 

No había día en que cada edición del único periódico matutino de la capital del país, trajera en la primera pàgina una fotografía de algún miembro del clan familiar, celebrando su onomàstico o protagonizando algún hecho deportivo.  También, los nombres de las principales calles y avenidas, parques, escuelas y hospitales de las ciudades y pueblos, recordaban a un ser viviente o fallecido de quienes todo lo controlaban.  

 Cuando se instauró el servicio militar obligatorio, en esencia, su finalidad tuvo màs que ver con la parte doctrinaria del régimen, que con entrenar con las armas y ejercicios de combate al sector joven del país.

El hecho de que las personas enroladas en ese servicio aprendieran principalmente marchas militares, portando un pedazo de madera en el hombro, simulando un rifle, indicaba que no le interesaba a la dictadura tener como reserva entre en la población, a hombres entrenados en la lucha armada.

El mismo Partido Dominicano, el único que existía, constituyó en esencia una pieza de primer orden en el adoctrinamiento de la población.  Su eslogan de “Rectitud, Libertad, Trabajo y Moralidad”, eran las palabras que coincidían con las primeras letras de los nombres y apellidos de Rafael Leonidas Trujillo Molina.

En 1952, la creación del Instituto Trujilloniano, fue otro elemento con fines doctrinarios. Buscaba darle una base ideológica al régimen establecido. 

El Concordato, un tratado firmado entre la la iglesia Católica y el Estado dominicano el 16 de junio de 1954, en la ciudad El Vaticano, en Roma, selló la alianza que por muchos años habían llevado los jefes católicos en el país con el dictador Rafael Trujillo.  Este acuerdo garantizaba, en el futuro, los beneficios que durante tantos años habían recibido los sacerdotes y privilegiaba el catolicismo por encima de otras religiones que había en el país. 

Con el mismo, el régimen seguía teniendo el apoyo de tan importante sector social; constituyó, entre las masas pobres del país, un canal doctrinario efectivo.  El impacto sicológico que producía entre la población ver las figuras del tirano y sus familiares en los actos religiosos junto a los jerarcas eclesiàsticos, reflejando  que estaban muy cerca de Dios, así como también la forma de estos orientar las inconformidades terrenales de sus feligreses, motivando el conformismo ante el estado de indigencia en que vivían, representó un gran aporte para el sometimiento de esas clases marginadas.    

Y algo que logró la dictadura con ese tratado, y que sirvió para fortalecer aún màs su política de adoctrinamiento entre la población católica creyente,  fue el acuerdo en que a las misas de los domingos se le incluyera una oración que dijera al comenzar:  “Señor, protege a la República Dominicana y a su Presidente.”

La música no escapó a la manipulación para los mismos fines. El merengue, cuando se popularizó en el siglo diez y nueve entre la clase baja, estuvo siempre en la mirilla de la clase alta, ya que fue considerado desde sus inicios un baile indecente y sus letras por igual.  

Acostumbrados a los bailes de extracción europea como el Vals y las Polcas, la sociedad dominante de ese entonces, vieron en ese ritmo candencioso, signos de que el mismo podía estimular a la perversión sexual.   

Cuando el general Trujillo se lanza a la conquista del poder político, no se sabe si por él o sus asesores, el merengue, el ritmo que tanto atraía a la colectividad humilde, fue integrado a la campaña electoral de 1930, buscando ganar adeptos entre la mayoría poblacional, por lo cual este empezó a llevar siempre en sus viajes por el interior del país, un conjunto para su interpretación, conocido como “perico ripiao”.   

Las letras de muchos merengues con alabanzas al tirano, a su familia y al sistema impuesto, ya fueran por encargos o no, constituyeron una manera de influir en el pensar de la población, por ser un acto repetitivo, base de toda asimilación, cuando eran escuchadas y bailadas como una manera de diversión.  

 Se crearon algunas piezas de buen gusto, que por tal motivo, aún se recuerdan.  Los “Merengues del Jefe”, como se le llamó a la recopilación de estos y vendidos con discreción después de su caída, constituyen una prueba de que tan hondo caló en el sentir de los dominicanos los treinta y un año que duró la dictadura trujillista, debido, en parte, al factor adoctrinamiento.

Se vivía en un país donde se le enfocaba dia por día al ciudadano, las imàgenes, los nombres y el apellido de quienes se habían apoderado de media isla caribeña llamada República  Dominicana.  No hubo medio, vía o canal de comunicación,  por el cual la dictadura no buscara la forma de moldear a la población a los requerimientos de esta.

 No era solamene una “actitud megalómana de Trujillo”, como dijeron después de su muerte los colaboradores màs cercanos.  Eso se convirtió luego en una parte de la base en que descansaba el régimen.  Los culpables, los que implementaron y mantuvieron al día el trabajo doctrinario, para quitarse ese peso de encima luego de la caída de la dictadura, les decían a todos que fueron únicamente caprichos egocentristas de quien todo lo controlaba, no una serie de actividades, como lo fue, muchas veces con la anuencia del “jefe”, de ellos, los grandes aduladores para congraciarse y conseguir sus favores.  

El adoctrinamiento,  en un principio,  se fue desarrollando por una serie de actitudes individuales de un grupo de burócratas que vivían en franca competencia y que agradaban el ego del dictador.

 Fue un proceso fortuito que se hizo rutinario, màs que un plan o programa preconcebido que, luego por sus resultados, el régimen lo incorporó para los fines que perseguía.

 Un caso que da una idea de lo anterior, lo constituyó en su momento el letrero que puso en el techo de su casa el Sr. Jacinto Peynado, cuando el tirano en una ocasión se ausentó del país y éste como vicepresidente ocupó interinamente la presidencia.   Al regreso del titular del cargo y para disipar una posible ira del mismo en contra de él por ciertos rumores que se habían propagado, mandó a escribir con letras grandes la expresión:  DIOS Y TRUJILLO.  Esa actitud  complació al dictador, generalizàndose luego en todo el país en el seno de la población.   

                                     ¡Ya comiste!    Si, ¡gracias a DIOS  y  a TRUJILLO!

 Las siguientes palabras del Dr. Balaguer, expresadas en un discurso, con relación al suceso comentado anteriormente,  corroboran en cierta medida el efecto que tuvo el ejemplo anterior.  Ademàs se comprueba una de las maneras de cómo se fueron introduciendo en la conciencia ciudadana, muchos de los conceptos doctrinarios que usó la dictadura trujillista: 

 “Cuando un dominicano expresa que debe su bienestar a Dios y a Trujillo, no hace otra cosa que hacerse intérprete de este hecho pasmoso, que se ha cumplido aquí por primera vez en la historia.  La presencia de Trujillo en la patria, es una realidad tan viva, como lo es la presencia de Dios en el universo al través de sus obras, al través de sus constelaciones inmortales.”

 

 

 

 

 

 

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