Allende los Mares. (4)

                         

                             ALLENDE  LOS  MARES

                                      Parque Central de la ciudad de New York

 El año 2002 había llegado con un buen semblante para los que vivíamos en la región de Nueva Inglaterra.  El invierno hasta ese momento no había sido implacable.  Al contrario, se comportaba como si fuera un asomo de la primavera.  El frío durante el mes de enero, que en años anteriores había batido marcas impresionantes por sus bajas temperaturas, de vez en cuando como ese día, permitía una caminata agradable por el àrea del Parque Central de Manhattan, en la ciudad de Nueva York. 

Empujado por una cotidianidad casi invariable, dejé ese pulmón citadino y caminé hacia la avenida.  Tomé la ruta de siempre, y esta vez fui yo quien lo vio primero, no como por lo regular sucedía, que era él a mí, cuando me esperaba con una sonrisa casi juguetona, reflejo de una juventud plena con sus veinte y tantos años de edad. 

En esos momentos estaba ocupado ayudando a una persona con unos paquetes; no se percató de mi llegada.  Estaba en su sitio habitual, como portero de un edificio del exclusivo lado este, próximo a la Quinta Avenida.  Cuando se desocupó y notó mi presencia, intercambiamos los saludos de rigor.  Casi enseguida me dijo que tenía dos preguntas.  Eran parte de las tantas que siempre me hacía, y que ya constituían el centro primordial de nuestras charlas casuales, acerca de la historia política de nuestro  país de origen, cada vez que nos encontràbamos. 

El había emigrado en su niñez junto a sus padres a la gran urbe neoyorkina, desconociendo, por lo tanto, la mayoría de los hechos contemporàneos màs impactantes que fueron moldeando el destino de los dominicanos, salvo lo poco que había oído en conversaciones dentro del entorno familiar. 

Me preguntó, si cuandoTrujillo murió le hicieron un funeral.  Le contesté que si.  Aún màs, le expliqué brevemente la impactante despedida mourtuoria que le hizieron, sugiriéndole que comprara un documental en video que sobre el hecho estaban ofertando en varias tiendas, pues le iba a dar una idea màs completa de lo que yo le podía externar al respecto.  Al momento surgieron algunas observaciones de su parte y mis oportunas respuestas.  

 Entonces, me hizo la pregunta que dio origen a este libro.  La expongo tal cual como la hizo, palabra por palabra:

 “ ¿Porqué, si Trujillo había sido un hombre tan malo, eligieron a Balaguer varias veces presidente? ”

Estuve pensando un rato para emitirle una opinión, pero decidí no hacerlo. Me di cuenta que no estaba preparado para ello.  Tenía ante mi una interrogrante que no se podía responder con un monosílabo o una breve explicación.  De manera sutil le fui cambiando el tema, abundándole sobre otros asuntos relacionados, sin llegar a ninguna conclusión al respecto.  Hablamos por un rato hasta que nos despedimos.

Continué con mi paseo y a la vez pensaba en el tiempo que había transcurrido desde mi llegada a la ciudad de NuevaYork.  Había pasado un poco màs de 20 años, desde que salí del lar nativo en que nacimos ese compatriota y yo, con la diferencia de que tuve, en parte, las vivencias  que él desconocía y tenía curiosidad por saber.

Empezó a caer una llovizna ligera. En la próxima esquina tomé el tren subterràneo.  Ya en el mismo, iba reflexionando sobre todo lo que  habíamos hablado en ese breve encuentro. 

Cuando me formuló la primera pregunta, entendí que la lógica de su pensamiento  decía a ese joven que un personaje tan malvado como se lo habían descrito, no merecía tener un entierro formal.  El pensaba que su muerte había sido producto de una revolución encabezada por un pueblo cansado de sus abusos, no como lo que fue verdaderamente, un proceso de sustitución, donde estaban de por medio los intereses regionales de uno de los bandos de la Guerra Fría. Y luego esa otra, la cual envolvía una situación que él no podía concebir hubiera sucedido, por lo cual buscaba  una explicación que mostrara las causas de tal eventualidad, ya que el Dr. Balaguer era el presidente del país al morir Rafael Trujillo, puesto por el mismo dictador; un hombre aparentemente de toda su confianza.    

 La relación Trujillo-Balaguer venía dada por las siguientes circunstancias. El “Doctor” le había servido al “Jefe” de manera incondicional durante los últimos 30 años que había durado hasta ese momento el régimen.  Cuando los cancilleres de los estados miembros de la OEA se reúnen, debido al atentado de que fue víctima el presidente de Venezuela de aquella época (estamos hablando de 1960), del cual encuentran a Trujillo culpable, éste nombra a Balaguer inmediàtamente en la primera magistratura del país.  El estaba ocupando el cargo de Vicepresidente y Héctor Trujillo, un hermano del dictador, era el presidente.  Se quería dar la apariencia de que el tirano y su familia se retiraban del mando en el país, para así tratar de evitar las represalias que motivadas por lo anterior,  ya venían en camino.

Durante todo el trayecto del viaje hacia mi hogar, no pude alejar de mi mente esa segunda pregunta. Estaba asociada a un proceso histórico determinado, del cual conocía un sinnúmero de detalles dispersos. Hilvanarlos, pensé, me darían una mejor visión para responder al porqué de la misma.        

Buscar las causas que produjeron el continuismo del Dr. Balaguer en la presidencia de la república y de los factores que lo colocaron por primera vez en ella a través del voto popular, a pesar de haber sido escogido por Rafael Trujillo como presidente pantalla para cubrir una jugada política, màs ser luego repudiado por turbas barriales tan pronto cayó la dictadura, llegando a pedir asilo en la embajada de la Nunciatura Apostólica, de donde salió para la ciudad de New York, constituyó un reto interesante para darle respuesta a la pregunta; esa que dejé en el aire sin responder una apacible mañana de un invierno agradable.

Pasaron los días y me puse a repasar las vivencias que tuve durante la dictadura que se desarrolló en la República Dominicana, desde 1930 hasta la muerte de quien la protagonizó en el año de 1961.  Las màs significativas coincidían en el tiempo y el espacio donde tuvo lugar mi niñez hasta parte de mi adolescencia, en el local de una fonda.

Analizar esos recuerdos que originaron los relatos que cubren parte de este libro, me pusieron en contacto con el mar de traumas que nos legó  la tiranía trujillista; perturbaciones sicológicas que en su momento reflejaban el miedo, el adoctrinamiento y la ignorancia, factor este último que permitió en parte la incongruencia que entrañaba la pregunta lógica de ese dominicano ausente. 

 Y fue en ese negocio de comidas y alojamiento para cansados viajantes,  el escenario donde un año después que ajusticiaron al tirano, me encontré de frente con ese factor psicológico, el trauma màs dañino que dejó la dictadura con respecto a ella misma y que aún sigue padeciendo un gran segmento de la colectividad dominicana. 

 Aquello ocurrió en el rincón oscuro de una habitación para huéspedes, suceso explicado con detalles en el relato titulado El Altar.  Ese acontecimiento fue algo impactante por dos razones.  La primera, el desconcierto que me produjo no poder comprender en toda su dimensión, en aquel momento, el significado de la situación que tenía ante mis ojos.  La segunda, descubrir las manos autoras. 

Decidí escribir aquellos pasajes. Fueron tomando cuerpo y significado una vez desarrollada la trama.  Me hicieron sacar conclusiones sobre esos hechos y los que lo siguieron, obteniendo, de paso, la respuesta a la segunda pregunta de aquel joven, quien salió casi en pañales de la tierra que lo vio nacer y cuyos pensamientos, de vez en cuando, no lo dejaban alejarse de las imàgenes de nuestras raíces. 

En la siguiente ocasion en que nos encontramos, le conté del trabajo escrito que estaba haciendo motivado por aquella interesante inquietud surgida de una de sus preguntas, y cuya respuesta él  seguía esperando. Le prometí hacerle llegar una copia del mismo tan pronto estuviera concluído. Pero esas reflexiones me llevaron a palpar una otrora realidad, de la cual nunca antes había oído hablar, dando paso a las siguientes interrogantes:  

 ¿Quienes fueron en verdad todos los autores intelectuales de la muerte de Rafael Trujillo Molina?

 ¿Por qué la base principal de sustentación interna del régimen trujillista quedó intacta cuando éste desapareció?

 ¿Por qué la “Era de Trujillo” no terminó con la salida del último de sus descendientes el 19 de noviembre de 1961?

 Las respuestas,  se encuentran  en la trayectoria un tanto fatídica que ha tenido desde entonces el pueblo dominicano, precedidas por una serie de acontecimientos inducidos por la aparición de la Guerra Fría en la región caribeña.

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