La Generación de la Luz. (3)

                  “ La Generación de la Luz”.

El sol del medio día ardía sobre nuestras cabezas.  El sonido de los redoblantes y de las cornetas se mezclaban con la gritería de la muchachada que se iba amontonando en las aceras al vernos pasar.  Pràcticamente éramos niños, que cansados y sudorosos ya no marcàbamos el paso,  íbamos dando traspiés.  La actividad estaba llegando a su fin, porque no muy lejos se veía la escuela, de donde horas antes habíamos salido.

Era una de las tantas marchas de pràctica para mantener en buena forma al grupo escogido para el próximo desfile.   Cada evento constituía  un asunto de honor y sacrificio.   Para los alumnos, el desfilar frente a Trujillo era algo que los debía llenar de orgullo.    Y para los humildes padres de familia, quienes debían comprar el uniforme de gala, aquello resultaba una carga pesada en el exiguo presupuesto familiar.

En un momento dado y de manera repentina, una voz  se alzó dentro del ruidoso ambiente, expresando con pocas y contundentes palabras, la realidad del devenir de la generación en cierne:  “Ustedes son el futuro de la patria”.    (1958)

Habíamos nacido bajo los paràmetros de una dictadura.  En los momentos cruciales en que íbamos dejando la niñez, empezamos a vislumbrar la realidad de  nuestra existencia, oyendo el secreto a voces del martirio de las mariposas.  (1960)

En las luchas sociales, estuvimos motivados por las acciones de una anterior, la del “silencio”, aquella que hizo suya la causa de la “raza inmortal”, protagonizando los acontecimientos en las calles a partir de una noche iluminada por el sacrificio, escenario de un tiranicidio en una solitaria carretera. (1961)

Desarrollamos nuestro intelecto escuchando en las aulas escolares los pasajes tergiversados de las vivencias de nuestros ancestros.  Leyendo las historias que fueron acomodadas a los intereses de la clase dominante de cada época.  Asimilando y reflejando las mentiras que le dejaron a tantas generaciones en el espejo distorsionado de una otrora realidad, donde glorificaban en el mismo la inhumanidad de tantos inquisidores. (1962) 

 Ubicamos a los malos, cuando una mañana nos despertaron para enterarnos sobre el  golpe de estado, lo cual provocó el que surgiera un grupo de guerrilleros “en las escarpadas montañas de Quisqueya”.  (1963)

Escuchamos durante el atardecer de un 24 de abril, la voz por una emisora de radio del que luego se convirtió en un ícono de las luchas políticas, el Dr. José Fco. Peña Gómez, pidiendo al pueblo que se tirara a las calles para apoyar a los militares que momentos antes se habían rebelado, buscando reponer al presidente depuesto una madrugada, aquella en que la esperanza perdió su verdor.

Fuimos una juventud que se embriagó con el aroma nacionalista de un abril esperanzador, ya en la madurez de nuestra pubertad y en las puertas de una malograda revolución; momentos, en que un coronel surgido de los cuarteles trujillistas y paseado en el ambiente de academias militares norteamericanas, decide defender los intereses de su país enfrentàndose a sus mentores idelógicos. (1965)

Nos tocó ser parte de los que vieron en el escenario de sus vidas, ya como adolescentes, barrios donde se carecía de lo más indispensable para subsistir ( agua potable, electricidad, centros educativos y de salud ) , los cuales se iban expandiendo con pedazos de tantas cosas inservibles, en espacios donde todo parecía estar acorralado; vecindarios que se fueron arrabalizando con los tereques y cuchicheos del despavorido indigente de los campos, llegado allí en busca de un alivio a la espantosa miseria, al lugar donde le dijeron y se lo creyó, estaba la civilización.  (1970)  

Unos tantos empezaron a dar sus primeros pasos de adulto, llevando como un norte en sus vidas los ideales de los nuevos tiempos, entregàndose con un romanticismo ingenuo a las luchas por los derechos negados, por lo cual fueron extrañados de su país y bañados en días inciertos con el dolor físico de tantas càrceles degradantes; consiguiendo otros el eterno descanso en tumbas desconocidas o adornadas con epitafios incompletos.  A todos ellos la Guerra Fría le marcó su destino en la época en que gobernaron las “fuerzas incontrolables.”  (1966-1978)  

En su momento eramos una numerosa muchachada que seguía con los aires de la revolución en su verbo, por lo cual recibimos  de una manera dramática ya en los nuevos tiempos, el mensaje de lo que estaba pasando en  realidad con esa actitud política de hermoso contenido social.

Porque fue una tarde, aquella que se convirtió luego en el ocaso triste de un día de febrero, cuando vimos repentinamente en un periódico vespertino nuestros ideales en la orfandad: la  imagen de ese “coronel de abril” con sus ojos entre cerrados y el semblante feliz, ya entregado a sus sueños.  (1973) 

Empezamos a gastar nuestras vidas, llevando a cuestas los problemas que como un legado recibimos y de otros que nacieron en el medio que nos tocó vivir; dejàndolos sin soluciones, entregàndolos màs crecidos a nuestros relevos en un mundo globalizado por las comunicaciones, el cual va echando de lado tradiciones y sus costumbres, donde hoy las palabras nacionalismo, soberanía y patriotismo, lucen obsoletas ante la realidad de los intereses económicos, de las obligaciones que surgen de los compromisos regionales para dizque no quedar aislados, las cuales van diluyendo una identidad forjada con el sacrificio de héroes y martires, ante la presencia y la mirada incierta de la generación de los olvidados.

Sin analizar las causas, una gran parte consiguió el estrellato social o dejaron pasar sus mejores días en el anonimato, adaptàndose a los vaivenes en el país de las eternas crisis, junto a una colectividad preñada de traumas heredadas,  con  promesas fallidas que les llovieron desde tribunas y càmaras televisivas

Algunos de los que lograron cruzar el umbral del segundo infierno, fueron dejando en el camino su ropaje de revolucionarios, de luchadores por el bien colectivo, para convertirse en una nueva plaga social desprestigio de la actividad política: los vendedores de ilusiones. Otros, se convirtieron en soldados del narcotràfico, en adictos a las drogas y el alcohol o en mercancías de prostíbulos. Y el destino, por medio de un pasaporte o una yola,  siguió  señalando el camino a quienes ya sentían que no tenían espacio para subsistir en el lar nativo.   (1986)   

Si, aquella voz que surgió desde el gentío hacen ya varios decenios,  durante una marcha de entrenamiento por las calles de Ciudad Trujillo ante un grupo de jóvenes manipulados por un régimen cruel y perverso, repercute hoy como una sentencia cumplida en el tiempo señalado.

Y allende los mares, conectados a ese gran arbol que es la vida, los años fueron cayendo como hojas en la estación de los vientos, dejando al desnudo nuevos dibujos en el cascarón de nuestros cuerpos, que ya soportan libras extras y abundantes pelos plateados difíciles de contar, no tanto así los relatos que entrañan tantas vivencias. (2002)

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