Una Dedicatoria. (1)

                        UNA   DEDICATORIA

A esos jóvenes, hombres y mujeres, los guerrilleros de la esperanza.  Aquellos que con su ejemplo nos quisieron enseñar que las cosas no mejoran solas, que se debía luchar por una patria màs justa para todos.  Principalmente a los idos a destiempo por haberlo intentado.

 A sus oponentes, sin los cuales no hubiera sido posible tanta sangre derramada, para recordarles que la verdad no siempre estarà de espaldas a la luz.

 A esos hijos de Quisqueya que emigraron desde niños, y al crecer, se han dado cuenta  que desconocen parte de las imàgenes históricas de la tierra que los vio nacer.  Esto incluye a mis hijos: Fredín y Gaby. 

A esos descendientes de dominicanos y dominicanas que nacieron en otras latitudes, quienes comparten  las raíces del lugar en que nacieron con las heredadas de sus ascendentes, para que conozcan hechos y situaciones que vivieron sus progenitores y antepasados.   

 A esos latinoamericanos hijos de tantas patrias y que compartimos un mismo idioma, con los cuales hablamos acerca del futuro político de la región y, de vez en vez, de lo que tratamos en este libro.

 A los que se quedaron en el terruño empapàndose con el sudor de su cotidianidad; a los que como un legado recibieron la inmensa tarea de reconstruir la esperanza; quienes se han tenido que fajar para tratar de hacer en ese inolvidable pedazo de tierra un bello jardín para todos, partiendo de un cementerio en el cual fue convertido el país con las víctimas de parte y parte, cuando se vio envuelto en una guerra ajena durante el fragor de las batallas libradas en suelo patrio, en los momentos en que el capitalismo y el comunismo luchaban por  la hegemonía en el mundo.    

 A los que siguen tratando de transformar las instituciones vitales del país, sacarlas del atraso que la hacen hoy ineficientes y sin credibilidad, para ponerlas al servicio del interés colectivo, ya que fueron utilizadas por los beneficiarios históricos del trujillato. Aquellos que tras la caída de ese régimen se constituyeron en custodios de las mismas para conseguir el poder político y económico, dejàndolas intactas e impidiendo, en parte, los cambios que el país siempre ha necesitado para convertirse en una verdadera nación, condición sin la cual la sociedad dominicana siempre vivirà a la deriva. 

Y a las dísimiles generaciones que han ido ocupando su sitial en la sociedad después de la noche del 30 de mayo de 1961. Carentes en su camino de un verdadero sistema educativo, de estímulos para que urgen en su pasado histórico, y de pocos orientadores preocupados por el bien colectivo; lo que ha traído como consecuencia el que sigan padeciendo el trauma màs dañino que dejó la dictadura implantada en el país por Rafael Trujillo y sus secuaces:  la ignorancia con respecto a ella misma.

 

                                                              

                                                          

                   

 

 

                               

 

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