La última batalla del Coronel de Abril. (27)

LA  ULTIMA BATALLA DEL CORONEL DE ABRIL.

En su retiro, Don Quijote toma fuerzas de sus plegarias.  Poco a poco va preparando de nuevo su armadura.  Llama a su escudero  y   este ensilla, como otras tantas veces, aquel brioso corcel: el de la lucha  armada. 

 

 

Cuando en los meses turbulentos de 1965, debido a la contienda bélica que empezó en el mes de abril, el gobierno presidido por el coronel Caamaño fue a la mesa de negociaciones, lo hizo empujado por las circunstancias y talvez confiado en que los acuerdos allí tratados se iban a respetar.  Pero esa Acta de Reconciliación como se le llamó a ese pacto, fue un ardid, un acto tramposo el cual tuvieron que soportar y ver luego como era descaradamente irrespetado.

Con ello, sin darse cuenta, aquella mañana del 3 de septiembre de 1965, cuando públicamente en la plaza de la Consitución el coronel expuso en una alocución parte de los términos a que se habían acogido, en donde los luchadores contitucionalistas entregaron sus armas y creyeron en las promesas que les hicieron, las cuales  no fueron cumplidas, algunos también firmaron su sentencia de muerte. Los sectores que los adversaban lo tendrían siempre en la mirilla, porque fueron los que luego obtuvieron el poder.  Combatientes  destacados fueron los primeros en caer, ultimados en las calles por los grupos paramilitares que surgieron, los cuales fueron bautizadoscomo“las fuerzas incontrolables”. 

 La primera violación a lo tratado se sintió en ese mismo mes de septiembre de 1965, una mañana, cuando los habitantes del antiguo sector constitucionalista despertaron y se vieron rodeados,  atemorizados por  tanques, soldados y alambres de púa.  En la madrugada, ya sin aquellos valientes centinelas que custodiaban sus calles, los intrusos entraron sin ningún impedimento a Ciudad Nueva, el barrio que una vez fue “Territorio Libre de América”. 

 Casi dos meses después, el domingo 19 de noviembre, al coronel y a los miembros de su estado mayor le tienden una emboscada en la ciudad de Santiago, mientras almorzaban en un hotel de dicha ciudad.  Solamente muere uno y los demàs salvan milagrosamente la vida, por dos razones: no haberse despojados aún de sus armas y un diplomàtico norteamericano dentro del lugar, lo cual hizo que los atacantes abortaran lo planeado.    

En enero del año siguiente, Caamaño sale del país como Agregado Militar para la embajada dominicana en Londres. “Allí recibe visitas de funcionarios del gobierno norteamericano intentando  talvez  atraérselo o buscando quizás descifrar su próxima jugada. Y este se siente vigilado por la CIA .”

 Una vez que surge de las urnas el nuevo presidente y toma juramento el 1 de julio de 1966, las persecuciones y los asesinatos de los que participaron en la revuelta del lado Constitucionalista, ahora ya desarmados, se empiezan a producir por todo el país.

Debido a todo lo anterior y por tener que vivir en el medio de la voràgine de los acontecimientos, al coronel de abril le resulta imposible seguir permaneciendo neutral durante la Guerra Fría.  Sabe que su vida corre peligro.  Cualquier día puede ser eliminado por medio de un accidente o desaparecer sin dejar rastro alguno.

 Empujado por las cinscunstancias, imaginamos, toma  una de las decisiones màs difíciles de su vida, debido a la naturaleza de su formación militar en los cuarteles trujillistas y en academias norteamericanas.  Pero también la correcta, porque cuando decide jugarse la vida en la cabecera del puente Duarte y luego con su enfrentamiento con el soldado invasor, descubre la realidad política de su país.

 Los hechos fueron señalàndole el camino a tomar, a la luz de sus actuaciones cuando se tiró a las calles a codearse con las multitudes en la persecución del interés general.    Y esa decisión lo lleva a aceptar la ayuda de los cubanos.  Llega a Cuba en 1967, en donde se une a un grupo con la idea de prepararse para continuar con la lucha que había dejado inconclusa.  Con ese paso que da, fija en su mente la idea de vencer o morir; ya no hay cabida para otras alternativas. 

         Don Quijote, sin importarle los riesgos de tan peligrosa aventura, 

        empieza  a galopar llevando en su mente la idea de liberar de un

        cruel villano a su Dulcinea, la única que lleva en el corazón.  

                                        Actitud de un caballero.

        “Compromiso de un coronel que se había casado con la gloria.”  

 Antes de llegar a Cuba, el coronel Caamaño había hecho contactos con personalidades políticas y militares que estuvieron de su lado durante la contienda de abril.  Cuando les habla de sus propósitos, no encuentra el apoyo deseado y se distancia de los mismos.

 No sabemos todavía bajo que condiciones se establece el lider de la Revolución de  Abril en la patria de José Martí, pero para la época en que el Coronel Caamaño llega a Cuba, el “Che” y la planificación de una revolución continental partiendo de Bolivia, recién había sucumbido con la vida de este. Y en esa etapa de expansión revolucionaria, es que el coronel aparentemente encajaba en los planes del gobierno cubano. 

 Pasan los años, seis para ser màs exacto; quizàs demasiado. Las condiciones para un proyecto de esa envergadura cambian dràsticamente durante ese trayecto.  Y surgen varias interrogantes por la manera que decide salir del territorio cubano a inmolarse junto a sus hombres en las montañas dominicanas.

 Para el año de 1973,  ¿ ya Cuba tenía mucho que perder al exportar su revolución, ayudando a movimientos guerrilleros que afectaran la estabilidad política de los gobiernos del àrea, por lo cual en varias ocasiones abortaron o le dieron larga al proyecto del coronel Caamaño ?   

 ¿Tuvo el coronel que enfrentar sin éxito la desercción y el divisionismo interno de su grupo, padeciendo a la vez la infiltración del enemigo?   

           Y como si estuviera en algún lugar de La Mancha, Don Quijote,

           montado en su Rosinante, junto a Sancho su fiel escudero,  se

           internan en las lomas de Ocoa, dàndole inicio a su última

           batalla en contra de los molinos de viento.

 Después de permanecer varios años entrenándose, sale del suelo cubano convertido en el comandante Román.  Lo hace con un grupo muy pequeño y llega a otra isla caribeña, Guadalupe.   Desde allí, el 26 de enero de 1973,  es que se dirige al  país en una pequeña embarcación, para con su acción no implicar al gobierno cubano. De manera clandestina llega el 2 de febrero y se  introduce por la provincia de Azua a las  montañas, con solamente ocho hombres y el propósito aparente de establecer un foco guerrillero. 

En un momento determinado, llegó a contar con el apoyo de un grupo de jóvenes que se había organizado en la ciudad capital, llamado los Palmeros.  La lejanía y la falta de comunicación efectiva, o la infiltración del enemigo desinformando, hizo que se distanciaran.  Casi un mes antes de su desembarco, el 12 de enero de 1973, los Palmeros son detectados y eliminados después de un sangriento combate con tropas regulares del ejército.  

 Inclusive, el coronel llega a enviar emisarios para organizar un frente de apoyo ante de su llegada al país.  Uno de ellos fracasa cuando lo apresan en el aeropuerto.  A otro, estando en las diligencias que se le habían  encomendado, lo sorprende la premura del desembarco, pues no había tenido tiempo para consolidar sus actividades.

 Cuando el coronel llega el 16 de febrero de 1973 con su reducido grupo, se encuentra solo, en medio de las montañas dominicanas, con una población donde un gran segmento de ella sentía sus mismas inquietudes; pero incrédula ante los hechos del desembarco, porque no creía se hubiera producido tal acontecimiento en semejantes circunstancias.

 

 Es herido y cae prisionero.  Luego de una consulta con el presidente de la república, los altos mandos militares tienen una reunión.  Al finalizar la misma, se imparte la orden para su fusilamiento.

Esa  odisea  se  convierte  en el tercer  ensayo del modelo cubano que fracasa en el país, y el quinto evento motivado en parte por la Guerra Fría, que cierra el capítulo de las expediciones guerrilleras en la República Dominicana, durante el siglo XX.

 Una serie de sucesos durante y después de finalizado el conflicto armado que empezó el 24 de abril de 1965, fueron moldeando ideológicamente al coronel Francisco A. Caamaño Deñó, dàndole un nuevo perfil.   Esa nueva mentalidad forjada al calor de los acontecimientos, lo hace tomar nuevamente el camino de la lucha armada, proyectándolo efímeramente como la última esperanza de la izquierda revolucionaria, la cual cae como él en diferentes lugares del suelo patrio.

 El tuvo que cambiarle el norte a su brújula, tal comolo hizieron primeramente aquellos jóvenes, cuando recién había caído la dictadura y comprendieron quienes eran los que tras bambalinas  imposibilitaban los cambios que el país necesitaba.  Se dio cuenta,como ellos, de quienes eran los verdaderos enemigos y el oponente a vencer en todos los frentes, cuando se vio dirigiendo la defensa de los intereses de su patria.

 Cuando este decide enfrentar al “gobierno constitucional” del Dr. Joaquín Balaguer, según las voces de quienes sustentaban y se benefiaban en el momento de ese régimen, esa acción era una falta de respeto a las leyes vigentes;  amparaban a la primera figura política del país y, por lo tanto, ilegal. 

Pero ese régimen fue violando desde sus inicios los derechos de quienes se les oponían. Cometió delitos criminales en contra de un sector de la población, amparàndose en la impunidad que otorga el que tiene en todo su conjunto el poder político, económico y militar. Desde el punto de vista legal,  a ese gobierno no se le podía considerar legítimo alguno, si dando el ejemplo era el primer violador de las leyes que juró defender y respetar. Una manera para definir la palabra respeto ajustàndolo a los hechos acaecidos, la vemos en el sentido “de lo que hay que tener para exigir.”  Y si no lo tuvo para sus opositores, tampoco se le podía exigir a quien había decidido ante la ausencia de una verdadera justicia, reclamarle su falta con las armas. Su acción, antes que “ilegal”, era moralmente justa.

Buscando la verdad a través de las interpretaciones de los hechos, hasta ahora se puede decir con firmeza, que el compromiso moral con el pueblo dominicano, llevó al Coronel de Abril a sacrificarse junto a sus hombres por ello.  

Él pudo fácilmente pasarse al bando contrario, porque ofertas de seguro que no le faltaron.  A nadie le hubiera sorprendido el que un día decidiera seguir los lineamientos de su estirpe y le diera la espalda a los que lo siguieron por sus principios; los mismos  principios sustentados por los jóvenes del 14 de junio, cuando un grupo muere en esas mismas regiones montañosas casi una década atrás y en las mismas circunstancias.  Después de estar apresados, caer vilmente asesinados.  Principios también que expusieron ante que ellos, esos guerreros urbanos que se tiraron a las calles a combatir a los remanentes de la dictadura en el año de 1961.  Pero el Coronel no hizo nada que pudiera entrar en contradicción con el dictado de su patriótica conciencia, forjada nuevamente durante los sucesos de ese abril nacionalista y esperanzador. 

 

 

 

 

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