En busca del espíritu de la Navidad. (38)

                                         NO  PERTENECE  AL  LIBRO LA FONDA Había una vez, en la década de los años setenta, del recién finalizado siglo XX, una ciudad, en donde los habitantes de la misma, cansados de que no se cumplieran  las  promesas  de los  vendedores  de  ilusiones, dejaron de ir  a  votar en las elecciones que cada cuatro años elegía a los que debían velar por los “intereses de todos”.

 Los miembros de la burocracia gobernante, a la fecha del término de su cuatrenio, dejaron  desiertas  sus  oficinas y se recluyeron  en  sus  casas, a la espera, según ellos dijeron, de que  los  ciudadanos  rectificaran  su  error  y  los  eligieran nuevamente.

 Los grupos que tradicionalmente  se  disputaban  el favor del público para dirigir los destinos de la ciudad, dejaron de existir, porque ya  nadie les dió su apoyo.  Entonces,  se  formaron  un  sinnúmero  de  asociaciones  para  defender  los intereses  de  quienes  la  crearon  y  el interés colectivo:

IGUALDAD  PARA  TODOS  ANTE  LA  JUSTICIA,

OBRAS Y CONSTRUCCIONES PRIORITARIAS,

PREVENCION  DEL  DELITO  Y  ORDEN PUBLICO,

etc., etc.,  y  etc. 

Una  de  las  que  trabajó  con  gran eficacia, fue la que se encargó  del  sistema  educativo,  ya que hizo imprimir en los libros  escolares  las  causas que motivaron los cambios, para que  la  presente y futuras  generaciones mantuvieran latentes en sus mentes, las consecuencias que trae la demagogia suministrada a nivel de masas  y  comprendieran mejor el presente, conociendo los hechos pasados.

Con esto, la memoria colectiva sobre esos eventos quedaba a salvo, evitándose el ocultamiento de la verdad y su distorsión, por  quienes  siempre  se  han  alimentado  con  la  ignorancia ciudadana.

Además, fue  un remedio  efectivo  para  curar  cualquier brote de inconformidad, ya que cuando los intereses de cada grupo chocaban entre sí, creando esto dificultad para la  solu-ción  de  cualquier  problema,  se  recordaban  de  su  pasado reciente  y  fueron  más  comprensivos, haciendo  de  la  tolerancia  la  llave  que  solucionaba  todos  los  inconvenientes, por  lo cual  cada  quien  cedía  en  algo  con  tal  de que  no se volviera al sistema anterior.

También  se  creó  la  asociación  para las investigaciones históricas.  Esta  empezó  la revisión  pormenorizada  de cada situación  del  pasado,  partiendo desde el descubrimiento de América y pasando por las lides independentistas, sin olvidar a la última estirpe de los vendedores de ilusiones.  Los hechos que fueron escritos por pseudos historiadores, motivados  por intereses mercuriales o con sentimientos racistas, no resistieron el análisis imparcial  de  quienes comprometidos solamente con la  verdad,  expusieron  con  toda su crudeza las salvajes agresiones  físicas  y  morales  que  los  falsos héroes  cometieron contra sus congéneres.  Debido a esto, muchos de ellos fueron bajados de sus pedestales. 

 La empresa fue ardua, entregándose cada quien con dedicación  a  sanear el cuerpo lleno de lacras, de una sociedad que por largo tiempo fue vapuleada sin misericordia.   

 El tiempo pasó  y  el trabajo  para lograr las metas deseadas, fue a lo único que se dedicaron los habitantes de esa urbe. 

 Al final del mes de  octubre, extrañados, todos  expresaban con  su mirar  incierto, preocupación,  por  la  ausencia  de  algo  que tardaba  en  llegar, los aires pascuales. 

Los  días  de  noviembre  volaron rápidos, apareciendo de manera inexorable las primeras luces del vecino diciembre. Hombres, mujeres y niños, se movian desorientados. Se acer-caba  la  fecha  y  todo  seguía  igual. ¿Qué estará pasando?  ¿Porqué no llega?   Interrogantes  que  surgían  por  doquier.   

Al  llegar  la  primera  semana  del  último  mes  del  año,  la asociación  de  comerciantes, presintiendo que en vez  de un aumento  habría  un  descenso  en  las  ventas,  pidieron  a la asociación de finanzas que de urgencia,  adelantara  el  pago del doble sueldo.  El ruego no se  hizo  esperar.  Millones  y millones  de  pesos  se  depositaron  en  los  bolsillos  de  los habitantes de la ciudad.  Pero allí se quedaron, porque no era por falta de dinero el desinterés en las compras. 

La  asociación  de  buhoneros, esos vendedores callejeros que  instalan  sus  tarantines  recostados  en las paredes y en los bordes de  las  aceras, viendo que se les estaba escapando su  mejor  temporada  para  los  negocios, mandaron a  poner avisos en grandes cartelones por toda la metrópoli, anunciando el inicio de la época navideña. 

 A los pocos días, las principales calles y avenidas se vieron atiborradas de frutas  y  otros  productos  llenos de bellos coloridos.  Pero nadie les hizo caso, llenando esto de pesimismo el futuro inmediato de  tantos buscavidas. 

 Las tradicionales joyas musicales que otros años adornaron el medio alegre y festivo, esta vez  brillaban por su ausencia en las  ondas  radiales.  Fue  entonces,  cuando  la  asociación  que representaba  a  los  combos  y  a las orquestas, solicitaron a las emisoras de radio que  difundieran  la  música  tradicional de  la época,  para  que  se  fuera  creando  el ambiente propicio de  la  bailadera,  ya  que  a  la  fecha  no  tenían  en  su  agenda ningún compromiso para presentarse en los sitios de diversiones. 

De  inmediato,  esas  inolvidables  melodías,  empezaron  a difundirse y a escucharse en todo lugar donde hubo un receptor de radio encendido.

 Pero el problema siguió sin solución, ya que no era por falta de esa  música llena de añoranzas, que el aliento tradicional  de la navidad no calaba en el ánimo de las personas.              

La  asociación de choferes  del  transporte  público,  decidió subir  el  precio del  pasaje  por  varios  días,  porque  según ellos, estaban en la época navideña  y  como nadie les  daba  su doble sueldo, ese aumento temporal constituiría su aguinaldo. 

La gente, de repente dejó de utilizar los carros del concho, pues mejor se levantaban más temprano y se iban  a  pié a su trabajo, para ir meditando por el camino sobre la situación imperante. 

Tal  medida  pronto quedó sin efecto, ya  que en vez de obtener más dinero, los trabajadores del volante recibían menos.       

Y así, cada  asociación  cuyo interés comercial tenía algo que ver con la festividades del  fin  de  año,  trató  de  motivar  a  la población para que se integrara  a  las actividades tradicionales, sin poder ningunas de ellas lograr su objetivo común.                   

Los momentos desconcertantes  aumentaban. Cada  día  eran más las personas que se paraban largo rato en las puertas de sus casas con  la mirada perdida en el firmamento, esperanzadas de encontrar  alguna  señal  divina  y  orientadora en el cielo, lugar que según la tradición  religiosa, servía de morada  al  que  todo  lo puede y sabe de todas las cosas. 

 Las esquinas de los barrios lucian desiertas, ya que  la  ciudadanía  se  recluía  en sus hogares después de la jornada diaria de trabajo y desde allí  comentaban: 

 Decían los hombres:  “Este año no hay ambiente de  parrandas y  bebentinas.”  Las  mujeres  por  otro  lado, no  sentían  interés alguno  para dedicarse a   preparar los platos tradicionales, como lechón asado, pavos y pollos rellenos.   

 Los envejecientes, balanceándose en sus mesedoras, evocaban los tiempos de antaño, cuando los brindis se hacían con tisanas de jengibre y ponches caseros.  Añoraban los lerenes, el  pan de fruta y  el puerco asado con casabe.  

Los niños, no les hacian caso a los siempre “prohibidos” fuegos artificiales,  porque  se  sentian  tristes  al  presentir, de que en esta ocasión no iban a recibir los tradicionales juguetes del niño Jesús o de los Santos Reyes,  ni hablar de los de la vieja Belén.  

Se  acercaba  el  fin  de año y la navidad, ni por asomo mostraba señales de su presencia.                                 

Y creyendo todavía que estaban vigentes los tiempos de Don Martín Garata, y pensando que iban a navegar en aguas mansas y favorables, los ilusionistas, aquellos personajes apartados por el pueblo de la vida pública, tratando de revertir el curso de los acontecimientos, vieron en esta situación la oportunidad de tomar nuevamente el protagonismo de la misma y crearon de inmediato una nueva asociación.

Con urgencia, emitieron  un  documento  que  mandaron  a  publicar  en  los principales medios de comunicación escrita, en el cual decían reconocer sus errores del pasado y exortaban a la población a no dejarse abatir por la falta del ambiente tradicional de cada fin de año, porque ellos, decía la declaración: “con el  apoyo  de  los  ciudadanos progresistas  en  este  momento  histórico, llevaremos  nuevamente  la  alegría  a  todos  los  hogares,  ya  que  el  nuevo sistema  es  el  culpable del  estado  de  deterioro  anímico por el cual pasan todos  en  estos  momentos,  por  mantenerlos  trabajando  sin  el  merecido descanso.”

También expresaba el comunicado, de que en los próximos días abrirían un gran número de locales por toda la ciudad, en donde se regalarían juguetes a los niños y los ingredientes para una cena navideña, prometiendo de paso la repartición diaria de raciones alimenticias entre los pobres.

Pero, no contaron con la asociación de la Salud e Higiene Mental de la población, que le salió al frente y emitió otro documento en respuesta, donde en parte se decía lo siguiente:

 “El dar o el dao, como institución que envilece a los seres humanos y los hace dependientes del esfuerzo de otros, ya hace tiempo que el pueblo lo echó al olvido, ganándose este con el sudor de su frente todo lo que recibe.  Si lo que desean es ayudar a los menos favorecidos, inviertan esos recursos en disminuir el desempleo, mejorar la educación y el cuido de la salud, cosas verdaremente necesarias para el fortalecimiento de la comunidad, estando seguros de que esta los aceptará con un inolvidable agradecimiento hacia ustedes.

Además, el trabajo arduo dignifica al hombre, cuando su beneficiario es quien lo ejecuta, muy por el contrario, de cuando se hacía  en nombre del progreso para beneficio de una reducida y selecta minoría .”

 Después de esto, no se supo jamás de tan ilustres ciudadanos, pues la voluntad popular los mandó a vagar por las sombras del olvido.    

Los establecimientos comerciales  empezaron a cerrar sus puertas más temprano de lo acostumbrado, desapareciendo con esto  la  vida  nocturna y  por  ende  los  sitios  de diversiones.

 Los desperdicios se amontonaban  en las calles, generando estos olores muy desagradables y permitiendo que el sucio se  acumulara  por  doquier.  El  habitat  de  todos  lucía  mustio,  ya  que  al  ir  pasando los días, gradualmente había ido perdiendo su brillo.  La  apatía  en su estado crónico era ya general.    La ciudad… ¡ parecía estar muriendose!                      

                                                       24 de diciembre

Después  de  estar un tiempo inmerso en  el  diario que hacer para lograr sus metas, el ser humano siente  la necesidad  de un receso. Es  el  momento  en que  una  semilla  de  amor empieza a echar sus  raíces  en su   interior,   estremeciendo  toda  la estructura emocional, haciendo que deje a un lado la sordera habitual y escuche cada latido de su corazón, el cual  como un  tic tac de un reloj, le va despertando  sentimientos  dormidos,  muy  especialmente el de la generosidad.

Es muy de mañanita, el sol empieza  su  labor habitual  echando a un lado la oscuridad, barriendo, con sus brillantes  rayos  de  luz,  los residuos  de  sombras  de  la  noche  anterior  que  aún  persistían  en quedarse . 

 En  la  ciudad,  desde  muy  temprano,  los  habitantes  observaban el ambiente recostados  en  las puertas  y  ventanas  de  sus  hogares, ya que  no pudieron  conciliar  en  la  madrugada un solo pedacito de sueño.  Estaban, como se dice comunmente, trasnochados. 

 Las calles se veían casi solitarias  y  el tránsito vehicular  era  muy escaso.  Se  notaba  un  virtual toque de queda, ya que en su mayoría la gente no salió a trabajar como era su costumbre. 

Entonces,  fluye  el  viento.  Unas  brisa  fresca  y  acariciante  se adhiere a la piel de cada quien, haciendo sentir a todos un cambio en el  clima.  Con  esto, aumenta  la  expectativa.  Se  presiente que algo eminente  va  a  ocurrir.  La emoción que brinda la curiosidad ante lo desconocido, hace  que  se  pierda  hasta  la  hora  del desayuno, y en ayuno, cada quien sigue manteniendo la vigilia.        

Mientras,  en  medio  de  las  miradas indiferentes de la preocupada población, aparece caminando por las calles semi desiertas, la figura de un niño descalzo con sus ropas raídas.  Surge, desde uno de los tantos  barrios pobres  que  conforman  la  periferia  de  la  ciudad,  llevando consigo una escoba recostada en su  hombro. 

Para unos, era un carajito más en el medio.  Para  otros, un tiguerito sin importancia.  Epítetos, que retratan a la figura,  pero  no  a  la  realidad  que  envuelve  a  ese  joven ciudadano, que consciente de como resolver sus  necesidades  más  perentorias, había  salido al  amanecer  de su humilde vivienda con la esperanza  de obtener algún dinero limpiando algo. 

 Al llegar a una calle céntrica, se acerca a un anciano, que recostado en la  puerta de su vivienda, presensiaba  al  igual  que sus vecinos  el panorama. 

 El niño le dijo:  -oiga señor, si le limpio el frente de la casa me da algo.-

  — ¡ Y para qué carajos ! — , le dijo el anciano de forma repentina  y  de mal humor,  –quiero yo la acera limpia.– 

 -Es que hoy es Noche Buena.-   Le contestó el niño de manera afable, sin alterarse por la brusquedad de su interlocutor.  

 –¡ Bah !– , le dijo el anciano,  –todas  las  noches son buenas si uno se lo propone.–  

 -Pero es que mañana es el día. El día de la Navidad,-  le ripostó el niñó nuevamente. 

 — ¿ Y qué sabes tú de eso?–   le  dijo  el  anciano.  

Entonces el niño le sonrió e irguiendo su diminuto pecho le contestó: 

 “ Yo soy su ayudante especial.”

Aquel hombre se quedó un rato meditando, no por la respuesta, sinó por la figura de ese niño, que  con  la mirada  decidida  de un adulto, le pedía  trabajo  para  mitigar lo que a simple vista no necesitaba explicación. 

 Esto le produjo cierta conmoción interna y no tuvo mas remedio que sonreir.  Ya de manera más calmada le dijo :

 –Toma, te lo ganaste, limpia lo que quieras.–   Aquel  niño, al verse con un billete, cuyo valor él  jamás pensó conseguir, empezó a limpiar con motivados deseos, debido a la generosidad de aquel ser humano, que de repente sintió algo diferente en su ser.

 –Además,–  le dijo el anciano,  –te  ayudaré  a  limpiar, estoy  harto de esperar sin hacer nada, lo que no llega.– 

Los vecinos, al ver aquella figura canosa y encorvada limpiando  la calzada  junto aquel niño,  se  acercaron  a  preguntar lo que estaba pasando.  El  anciano,  encarando  un  sinnúmero  de  voces  y  miradas curiosas, respondía a cada pregunta de manera  jovial  y  casi cantando:

 “Yo soy el ayudante, del ayudante especial de la Navidad, ¡qué llega  mañana !  ” 

 Los allí presentes se reían de tal ocurrencia, para luego irse todos  a sus casas  y  salir casi de inmediato  con  escobas,  e  imitar  así,  a  los primeros  portadores  del espíritu  de  la  Navidad.

 Casi al medio día, se podía observar en la ciudad un ambiente diferente.  Los moradores de todos los barrios  recogían la basura, dejando sus vecindarios relucientes.  Sensación de lo agradable al ver las calles limpias, porque las comunidades se preocupan por el aseo de su sector.  

 También  bastó, que una sola persona  empezara a pintar el frente de su  casa,  para  que  en pocas horas las ferreterías vieran terminadas sus existencias,  por  la  avalancha  de  gente  que  se  presentó  a  comprar pinturas  para  hacer  lo  mismo  en  las  suyas.  Sensación de pellizcos tiernos, al ver las casas recién pintadas con los colores de nuestros sentimientos, por el deseo de renovación que  se  despierta  en cada uno de nosotros. 

Las  tiendas  de  todo  género no  daban  a  basto para  satisfacer las demandas  de  compras de toda la población al mismo tiempo.  La  urgencia  de  preparar  el  escenario,  donde  la  gran  cena  en vísperas  del  día  de  navidad  sería el espectáculo principal, dejó cansados, pero satisfechos, a todo el que intervino para que se realizara el tradicional evento.  

 Y así, el olor de los manjares  de  la  época  empezó  a  impregnarse  en  cada  hogar, donde  en  pocas  horas un acto familiar, se convertiría en el punto de partida de las reflexiones que llevan  a  muchos cada año  a  sentir el deseo de renovarse física y espiritualmente.

 Ya en la noche se respiraba un aire distinto y agradable.  Se veían miradas alegres y caras sonrientes al recibirse u ofrecerse fraternales saludos. 

 Grupos de jóvenes recorrían las  calles ya adornadas  con  las guirnaldas  tradicionales, cantando alegres villancicos.  Había llegado por fin el espíritu de la navidad y todos se dieron cuenta, cuando empezaron a compartir.

 

 

                                                                 

 

 

 

 

 

 

                                                    

 

 

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