EL ESCENARIO.- (0)

                          EL  ESCENARIO

 Desde que empiezan su vida republicana en 1844, los dominicanos viven una historia lastimada.  Los artífices de la nacionalidad son perseguidos, apresados y, algunos de ellos, eliminados físicamente.  Surgen líderes políticos y militares que hacen todas clases de manipulaciones para anexar a la naciente república o entregar su soberanía, buscando con ello conservar el poder o sus riquezas u obtener ambas cosas, cuando una pasión se apodera de sus vidas: la ambición.  

 Caciques regionales, esos que sus seguidores bautizan en la manigua como “generales”,  protagonizan una serie de guerras intestinas que mantienen en sosobra a los habitantes de las  mismas, creando con ellas caos económico y atraso social.  Y de vez en cuando uno que otro dictador acapara la presidencia de la república, cometiendo toda clase de tropelías en contra de la población y corrompiendo con sus acciones cualquier asomo de orden y progreso institucional logrado hasta esos momentos.

 Muy pocos ciudadanos bien intencionados pueden llegar al solio presidencial.  Aquellos que lo hacen, pasan luego por la triste experiencia de salir del mismo empujados por las intrigas de quienes verdaderamente tienen el poder, esos que con sus acciones no dejan que el país pueda consolidarse como una verdadera nación.

Un centenar de años después de la fecha en que nace su nacionalidad, vemos como todavía el pueblo dominicano vive atado a una de sus más crueles dictaduras.  Sus orígenes y en lo que esta degeneró, arropan a casi todo el siglo XX.  Y empezando el siglo XXl, la generación presente tiene que seguir padeciendo algunos de sus legados.  

Después de que desaparece ese régimen tiránico, en vez de obtener y ejercer la ansiada libertad para disfrutar los derechos que les asisten, los ciudadanos empiezan a padecer las carencias de esos atributos, por el desarrollo de un acontecimiento  y una serie de medidas que dan al traste con las conquistas que debieron haberse logrado al desaparecer la dictadura: un golpe de estado, la libertad de tránsito restringida y el recrudecimiento de la intolerancia ideológica, lo cual trajo como consecuencia nuevamente las persecuciones por motivos políticos. 

 Y la respuesta no se hace esperar.  Ante los derechos negados, jóvenes sedientos de justicia e inspirados en los postulados de los ideales de los nuevos tiempos, enfrentan a los gobernantes de turno, quienes les echan como perros de caza a las fuerzas militares y policiales.

 Cuando tratamos de volver a la realidad, nos arropan días tristes y oscuros, donde solo por  breves momentos se logra respirar un 24 de abril, ese aire embriagante con aroma nacionalista, que nos aturde y nos hace soñar un futuro inmediato prometedor, pero que resulta efímero y utópico.

Llegan momentos delicados y críticos, donde un sector  preponderante de la vida nacional, para luchar en contra de otro, se convierte en cómplice del poder extranjero tradicional que nos domina. Y ese otro que representa en buena parte el sentir de la población, inicia la lucha por los derechos que les son negados, buscando ayuda de los oponentes de esas fuerzas que nos manipulan, convirtiéndose ambos en dos grupos antagónicos que, por la lucha radical que libran, se convierten en la extrema derecha y la extrema izquierda.  

 Esas pugnas no  permiten al país detener el caos institucional que se va generando después que cae la dictadura que imperó hasta 1961.  Dificultan a la sociedad implementar los mecanismos adecuados para que la mayoría de la población pueda superar las perturbaciones emocionales heredadas por los treinta y un años que duró ese régimen despótico, cruel e inhumano, instaurado y mantenido por Rafael Leonidas Trujillo Molina y sus secuaces.

“Era”, que empezó a desaparecer a partir del 30 de mayo de 1961 y que no termina del todo, porque a parte del factor ignorancia, del uso de los instrumentos del poder trujillista por quienes tomaron el control político después de la caída de este, y la pugna ideológica entre el capitalismo y el comunismo, uno de los principales colaboradores de la dictadura desaparecida permitió que se prolongara, por el estilo de sus ejecutorias al gobernar el país durante 22 años, padeciendo por ello un segmento de la juventud sus aspectos màs patéticos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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